PLAZA CÍVICA 

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Dos Bocas, o la marcha de la locura

Si en nuestra entrega pasada hablamos sobre la Marcha del Silencio, en esta entrega hablaremos sobre la Marcha de la Locura, representada en el proyecto de refinería de Dos Bocas en Tabasco. El impulso que promueve este plan, con sus raíces en la denostación de estudios técnicos y la creencia en el petróleo como fuente de identidad nacional, solo augura un mal desenlace para la política energética del país, y, por ende, para el país en general.

En 1984 la historiadora norteamericana Barbara W. Tuchman publicó un libro titulado La Marcha de la Locura: la sinrazón desde Troya hasta Vietnam en el cual habla sobre “la persecución por parte de los gobiernos de políticas contrarias a sus propios intereses”. Para la autora, tres son las características que se deben cumplir para que exista efectivamente una “marcha de la locura”: los tomadores de decisiones fueron advertidos sobre las malas consecuencias, había alternativas que resultaban viables, y fueron grupos los que persiguieron determinada política, y no un solo individuo. Y temo decirlo, pero los tres requisitos se cumplen con el proyecto de refinería de Dos Bocas en Tabasco.

Las argumentos que advierten sobre la irracionalidad de dicho proyecto están por doquier, aunque fundamentalmente son tres: PEMEX es la empresa petrolera más endeudada del mundo (100 mmdd), la refinación deja márgenes de ganancia muy bajos (la venta de petróleo crudo es en donde se encuentra la mayor parte de la utilidad), y el gran desafío para el país es el declive en producción de petróleo (cayó alrededor de 45% en los últimos catorce años). En este sentido, inclusive Cuauhtémoc Cárdenas recientemente crítico, sutilmente, la decisión de construir una refinería cuando la prioridad para país debe ser la extracción de petróleo.

Existen alternativas viables en este sentido: invertir recursos en la reconfiguración de las seis refinerías con las que cuenta México, explorar inversiones por parte de capital privado en estos proyectos, doblar la apuesta en inversión de energías renovables, y continuar importando gasolina de Estados Unidos.

La decisión del presidente ha contado con el apoyo de los nacionalistas-revolucionarios, los cuales continúan viendo al petróleo como una fuente de identidad nacional, a la reforma energética como la entrega de la soberanía nacional y al nuevo proyecto de refinería como una victoria ideológica. Sin embargo, están equivocados: no solo el petróleo, sino las distintas fuentes de energía deben de interesar al país; la energía debe ser materia de soberanía y seguridad nacional, no de identidad; y resulta una obviedad la necesidad del capital privado. ¿Por qué no desarrollar una industria energética nacional con paraestatales y empresas privadas mexicanas?

Lo que comienza mal, termina mal. La reciente historia de AMLO y su refinería habla por sí misma. Durante la campaña el candidato López Obrador habló de construir dos refinerías, hoy solo será una. Como presidente de la República habló de la imposibilidad del Estado mexicano para construir una refinería, justificando así la invitación de cuatro consorcios internacionales para hacerse cargo del proyecto. Hoy la licitación se ha declarado desierta porque esos mismos consorcios declararon inviable hacer el proyecto con tan poco dinero y en tan poco tiempo. Ahora AMLO dice que el país la puede construir. ¿Cuál será el siguiente paso lógico?

El disparate que representa Dos Bocas se vuelve más grande aún cuando tomamos en cuenta los planes para expandir el gasto social, la promesa de no contratar más deuda pública, y la oferta de no aumentar impuestos. Vaya, están jalando la sábana por todas partes, y la sábana se va a romper, más temprano que tarde.

Las advertencias ahí están. Mientras tanto, el presidente de la República ignora la historia, los datos duros, las prioridades. ¿Inversión, educación, ciencia y tecnología? Muy poco, o nada. El petróleo, otra vez ese maldito petróleo.

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@FernandoNG

 

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