AVISO DE CURVA

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 Estatuto Universitario en la UA de C, la reforma que sí va

 Si el principio de la selección natural del doctor Charles Darwin es verdadero, la Universidad Autónoma de Coahuila debió extinguirse hace años.

El darwinismo postula que para adaptarse y sobrevivir en un determinado ecosistema y en unas condiciones ambientales cambiantes, las distintas especies deben evolucionar.

En el contexto de los grandes cambios que durante las últimas décadas ha experimentado la sociedad y el sistema productivo de Coahuila, llama la atención que el Estatuto Universitario, documento que rige la organización y sienta las bases para que la máxima casa de estudios garantice el cumplimiento de sus fines institucionales, no haya sido modificado, adaptado o modernizado desde su promulgación allá en septiembre del prehistórico 1975.

En aquel año la comunidad universitaria constituyó el Estatuto Universitario con el propósito de consolidar el proceso de autonomía iniciado en marzo de 1973 por un grupo de jóvenes rebeldes encabezados, entre otros, por Melchor de los Santos Ordóñez que a la edad de 23 años se hizo cargo de la Rectoría para posteriormente dirigir el proceso democrático que llevó a la creación y publicación del citado documento.

Vale la pena recordar que en aquel momento la UA de C contaba con apenas 12 mil estudiantes y 20 escuelas o facultades. La movilidad internacional, las tecnologías de la información y comunicación y la educación a distancia si acaso, se presentaban como un confuso sueño de aquel grupo de rebeldes universitarios. No existía el TLCAN, el crecimiento industrial  escasamente se asomaba en la región Sureste del estado y la población no alcanzaba el millón y medio de habitantes.

No es difícil imaginar que, en aquel pretérito ecosistema, la disponibilidad de recursos presupuestales no era un problema; la transparencia se asociaba, literalmente, con la nitidez o el trasluz de un cristal, en consecuencia, la rendición de cuentas estaba lejos de considerarse una obligación para los funcionarios universitarios y un derecho para los estudiantes, docentes y ciudadanos.

Al mismo tiempo, en los setentas, la capacidad de la Universidad para resolver problemas sociales relacionados con el cuidado al medio ambiente, los derechos humanos y la equidad de género, no estaba a prueba, simplemente porque eran temas que no tenían la atención pública como la que gozan hoy en día.

Si definimos a la universidad moderna como aquella que realiza cambios continuamente para ampliar los límites de su capacidad de respuesta frente a los cambios en el entorno, entonces, la modernización del Estatuto Universitario y la eficacia para que la Universidad cumpla con los objetivos que la sociedad coahuilense le ha encomendado se implican recíprocamente.

Por lo anterior, percibo que la comunidad universitaria ve con buenos ojos y con entusiasmo el proceso de reforma al Estatuto Universitario iniciado por el Rector Salvador Hernández Vélez y un nutrido grupo de universitarios en abril de este año.

Después de 44 años y al menos durante el tiempo de diez rectores, el Estatuto Universitario permaneció inmóvil, mientras los avances y cambios sociales, productivos y de conocimiento transcurrían incesantes, modificando las condiciones en las que la Universidad Autónoma de Coahuila debía cumplir su papel como agente de cambio y transformación social.

El proceso de reforma inició en abril de este año con sendas presentaciones realizadas por el Rector ante los consejeros de las tres unidades (Saltillo, Torreón y Norte). Continuará con las respectivas asambleas en las escuelas y facultades para discutir los cambios. La propuesta final se presentará ante el Consejo Universitario a más tardar el 20 de mayo, para luego, el 23 de mayo, llevar a cabo un plebiscito que incluirá toda la comunidad universitaria.

En tanto se preserven y fortalezcan la autonomía y la democracia universitaria, la modernización y el crecimiento de Coahuila requieren necesariamente la modernización de la UA de C.

La amplitud y profundidad de los cambios, entre ellos el crecimiento de la matrícula que pasó de 12 mil estudiantes en 1975 a más de 38 mil en nuestros días, o el desarrollo industrial y urbano acelerado que en las últimas décadas ha experimentado la entidad; lo mismo que el creciente interés de la sociedad coahuilense por el uso eficiente y transparente de los recursos públicos, así como la atención de problemas medioambientales, de equidad de género y derechos humanos, entre otras transformaciones que ha sufrido el entorno social y productivo, obligan a pensar en un Estatuto Universitario moderno, flexible y actual.

Un documento que, entre otros aspectos, regularice los cambios organizacionales que, por necesidad, las distintas escuelas y facultades, así como la propia Rectoría, han realizado en los últimos años; que incluya aspectos como la doble titulación y la educación a distancia, que reconozca la participación estudiantil a través de las distintas sociedades de alumnos; y que garantice la revisión y actualización periódica del Modelo Educativo.

Por lo que sé, la UA de C ha puesto total atención al aviso de curva.

 

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