AVISO DE CURVA

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¿Dónde están aquellos ciudadanos rebeldes? 

Hay algo distinto en las miradas ciudadanas que se dirigen al Presidente. Algunas de ellas han perdido el brillo y la exaltación provocada por aquel triunfo histórico de la izquierda de hace apenas unos cuantos meses.

Hoy, en medio del bullicio político provocado por  la primera crisis de seguridad que enfrenta el gobierno federal, el sentido de la vista se ha agudizado.

Han sido los lamentables sucesos violentos acaecidos recientemente en Minatitlán, Veracruz, junto al repunte de las cifras de muertes violentas registradas en el país, lo que de pronto cambió el cristal a través del cual los ciudadanos evalúan, en materia de seguridad, a las autoridades.

En aquellos años violentos, que ojala no regresen, las fatalidades como la sucedida en Minatitlán eran llamadas o identificadas como desgracias producto de una guerra sin sentido o consecuencias de una estrategia de seguridad fallida o inexistente.

Gracias a ese ciudadano que adoptó una condición prácticamente de víctima frente a las olas de violencia que azotaban al país, y que se mostraba implacable al momento de exigir mejores resultados en materia de seguridad a las autoridades, junto a la persistencia de un gobierno apacible, ineficaz y opaco, fue que en julio de 2018 ocurrió el cambio político más importante de las últimas décadas en México.

Deslumbrados por las  cualidades excepcionales, míticas, de quien derrotó contundentemente a un anquilosado sistema bipartidista, y quien además recibió de la ciudadanía el suficiente poder con la esperanza de que devolviera la paz y la seguridad al país, en los meses posteriores y con el arribo del nuevo gobierno, esos ciudadanos rebeldes, críticos y exigentes frente al poder, súbitamente se eclipsaron.

A discreción, sin embargo, al paso de los meses, todo parece indicar que poco a poco retorna el ciudadano estricto con el actuar errante de las autoridades, cuya característica esencial, que lo identificaba previo al arribo del nuevo gobierno, era que practicaba, con un tono de rebeldía, un ejercicio permanente de crítica y dirigía, además, fuertes cuestionamientos señalando los excesos y las omisiones en el ejercicio del poder.

A diferencia de los primeros meses de la administración, hoy los ciudadanos se formulan interrogantes que podrían estar adelantando una evaluación del gobierno más estricta de lo que se pensaba. Por ejemplo, muchos se preguntan porqué si la pasada administración dejó un “cochinero” en materia de seguridad, al grado que sus efectos se perciben hasta el presente, provocando a la distancia situaciones como la de Minatitlán, el ex presidente Enrique Peña se pasea campante por el mundo y vacaciona despreocupado en paradisiacas playas del país, sin que conozcamos de un procedimiento institucional, claro y focalizado, iniciado por la presente administración para obligarlo a rendir cuentas respecto a ese aparente desorden heredado en materia de seguridad.

Tal vez sea el momento de sentar un precedente, de impulsar una transformación institucional en donde “echar las culpas al pasado” no sea sólo un comodín para disimular los equívocos del presente, sino una verdadera política de rendición de cuentas y de impartición de castigos a aquellos que hicieron de su respectivas gestiones un autentico desastre con consecuencias transexenales.

Al mismo tiempo, si al ciudadano crítico que asume una posición exigente frente al poder se le logra convencer de que lo sucedido en Minatitlán no puede atribuírsele al actual gobierno, deducirá entonces que en algunas situaciones de violencia presentadas en las pasadas administraciones, tampoco debió inculparse a los gobiernos en turno.

Por lo que, en esta nueva etapa de la democracia en México, confiamos en que el gobierno se encuentre con ciudadanos más informados, rebeldes y, lo más importante, vacunados en contra de la manipulación discursiva.

Finalmente, hay que dejar en claro que la confianza en el nuevo gobierno no se ha perdido. El Presidente de México continúa ejerciendo su vasta influencia legislativa con la reciente creación de la Guardia Nacional, proyectándola como la estrategia auspiciosa para la paz y la seguridad.

Va el aviso de curva: habrá que recordar que la responsabilidad pública del nuevo gobierno para combatir la inseguridad es directamente proporcional a su capacidad de influencia.

 

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