EL MESÓN DE SAN ANTONIO

Quema de libros

En el marco del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil -que celebramos el martes 2 de abril- la iglesia católica polaca decidió hacer una quema de libros de la exitosísima saga de Harry Potter, de la autora J. K. Rowling, alegando que contenían fuerzas malignas en su interior.

En las fotografías, difundidas por Facebook quizá por los protagonistas, se veía a varios sacerdotes en compañía de algunos niños monaguillos y fieles de la congregación de Gdansk, alrededor de una pila de libros, además de una máscara africana, una figura budista y otras lecturas dirigidas a jóvenes con contenido de magia y fantasía.

No crea, estimado lector, que esta noticia data de hace siglos; no, fue hace apenas cuatro días.

En las imágenes se observan a sacerdotes con vestimenta blanca, alba de pureza, negra de criterio, y no se puede ignorar la cara de sorpresa de los pequeños acólitos, que no logran entender a plenitud lo que se está llevando a cabo.

Ah, había omitido un pequeño detalle: esta quema se realiza apenas una semana después de la publicación de un informe que documenta el abuso sexual de niños menores de 15 años por casi 400 sacerdotes de ese país.

A lo largo de la historia, la quema de libros, promovida por autoridades políticas y/o religiosas, busca borrar parte de la memoria colectiva, sacar de los anales de la historia lo que no le gusta, lo que no le conviene, lo que le incomoda, sin importar que su pobre fanatismo ideológico quede de manifiesto.

En el argot periodístico, a la práctica de crear un distractor para desviar la atención de un tema importante que tendrá repercusiones políticas y sociales, se le llama “caja china”, es decir, difundir una noticia que despierta más curiosidad, o inclusive morbo, pero de menor trascendencia. Gobiernos, Instituciones, empresas, funcionarios en todo el mundo abren la “caja china” para que la audiencia se concentre en temas escandalosos y sensacionalistas, a fin de cubrir aquello que pone en riesgo su reputación.

¿Será que la iglesia polaca busca minimizar el tema de los abusos contra menores recurriendo a una práctica arcaica, pero eficiente? ¿Será que los sacerdotes de Polonia quieren hacer creer que ellos no son los malos, sino quienes inculcan lecturas fantasiosas a los niños? Podría pensarse que esta caterva de sacerdotes ignora el valor de los libros y lo que culturalmente representan en la formación de inteligencia, conocimiento y buena comunicación, pero sinceramente estimado lector, creo que es todo lo contrario: ellos conocen perfectamente el valor que tienen los libros en la enseñanza.

En América, recién se realizaba la exploración de este nuevo continente cuando en Yucatán, de pronto le salieron los miedos a Diego de Landa, un franciscano que dio duro y con abuso a todos los mayas que se le atravesaron. “Durante la ceremonia, el 12 de julio de 1562, un número incierto de códices y libros mayos (27 de acuerdo a Landa) y aproximadamente 5 mil figuras religiosas diversas, fueron quemados. Debido a la destrucción de la literatura maya por parte de Landa, alrededor del siglo XVIII desaparecieron las últimas personas capaces de entender los complejos glifos mayas”. Y así lo dijo: “Hallámosle gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos”.

Así, los nuevos “Diegos de Landa” en Polonia decidieron prender la hoguera para mostrar su aberración por Harry Potter. Pero, ¿por qué elegir a J.K. Rowling como mal ejemplo? Pues porque sus libros han sido comprados por 20 millones de personas y–bajita la mano- serán leídos por 60 millones de mentes jóvenes. Por eso necesitaban el respaldo de la religión, de su investidura para concretar la quema, además de justificarse con un fragmento de la Biblia: “Muchos de los que habían practicado la magia juntaron sus libros y los quemaron frente a todos. Así calcularon su valor y se percataron de que era de 50 mil piezas de plata”, Libro de Hechos (19:19)

La noticia agravia, llena de rabia y agolpa el enojo sobre mis sienes, ¿cómo es posible que persistan estas prácticas? Claro que la iglesia católica no la tiene fácil, se viene una temporada de vientos huracanados para los sacerdotes polacos, pero podrían haber empezado pidiendo disculpas, dejar de encubrir a los culpables, colaborar para que vayan a la cárcel, en lugar de quemar libros infantiles en plena conmemoración del Día Internacional.

 

Quemas vergonzosas

 

  • Qin Shi Huang mandó quemar todos los libros en el 212 a. C para que la historia naciera con él. Los intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos.
  • Los libros de alquimia de la Enciclopedia de Alejandría fueron quemados en el año 292 por el emperador Diocleciano.
  • La más famosa Hoguera de las vanidades sucedió en 1497 cuando el monje Girolamo Savonarola y sus seguidores quemaron miles de libros y obras artísticas invaluables en Florencia, Italia, por considerarlas inmorales.
  • Durante el régimen nazi, desde 1930 hasta 1945, se quemaron en Alemania miles de libros de autores judíos.
  • En Argentina, la dictadura instaurada en 1943 cerró y quemó los libros de las editoriales comunistas del país.
  • La Geografía de Cuba, de Antonio Núñez, texto para la enseñanza, fue reducido a cenizas por orden de Fulgencio Batista en 1954.