AVISO DE CURVA

El dilema de Coahuila frente a la fatiga del modelo neoliberal 

Durante más de treinta años, las llamadas políticas neoliberales y de libre comercio fueron amables con la economía del estado de Coahuila. Cúmulos de empresas extranjeras arribaron a la entidad producto de la apertura comercial y del proceso de globalización.

En tres décadas, Coahuila llegó a conformarse como una potencia exportadora. Poco importaba si el país crecía o no, mientras Estados Unidos continuaran demandando los productos que se maquilan en los parques industriales del estado.

Hoy que el Presidente de la República se propone “desmantelar el modelo neoliberal”, terminar con las políticas económicas implementadas a lo largo de seis sexenios, Coahuila se adentra en la disyuntiva para decidir entre la persistencia de un modelo económico del cual se obtuvieron considerables beneficios, o plantearse la posibilidad de perseguir una nueva estrategia que sintonice con las ideas de la Cuarta Transformación.

Las administraciones estatales que se regodearon con algunos efectos del llamado neoliberalismo como por ejemplo el boom automotriz o la privatización de la empresa acerera AHMSA, y que también se cansaron de presumir los millones de dólares que llagaban al estado en forma de inversión extranjera, la creciente capacidad exportadora de la entidad o las altas tasas de ocupación en el sector industrial y la acelerada expansión urbana en las principales ciudades del estado, lo hicieron bajo el cobijo del inicio de la globalización de Miguel de la Madrid, las privatizaciones y el TLCAN de Carlos Salinas, la continuidad neoliberal de Zedillo, Fox y Calderón y las reformas estructurales de Enrique Peña.

Ciertamente, desde el gobierno de José de las Fuentes, allá en 1982, hasta el actual gobernador, Miguel Riquelme, los mandatarios estatales, junto a sus respectivos equipos económicos, en plena sintonía con la comunidad empresarial del estado, asumieron como dogma el valor de la apertura comercial y la atracción de inversión extranjera como las señeras acciones para promover el crecimiento y el empleo.

Es cierto que Coahuila sigue siendo un estado competitivo y exportador. Sin embargo, existe la duda si el modelo que ha sostenido la economía coahuilense ha entrado en una etapa de agotamiento para impulsar el crecimiento y promover el desarrollo.

En otras colaboraciones hemos referido que son cada vez mayores las dificultades que enfrenta el estado para asegurar un crecimiento del PIB sostenido y suficiente, por una parte, y amortiguar los efectos perniciosos de la urbanización acelerada, por el otro.

Como recurso de política económica local, sin menoscabo de las ventajas que ofrece la globalización para la economía de la entidad, algunos recomiendan explorar la posibilidad de realizar algunos ajustes al modelo implementado en Coahuila durante los últimos treinta años. Este debate se fortifica con los planteamientos recientes de López Obrador para dar fin a la trayectoria ininterrumpida de tres décadas del llamado neoliberalismo.

Es posible entonces que los estrategas económicos del gobierno de Miguel Riquelme tengan que analizar a detalle las nuevas líneas de acción del Gobierno Federal. No obstante, tampoco se pueden subestimar los beneficios de la apertura comercial y las inversiones extranjeras.

Por lo que, con motivo de alinear la política económica local con el nuevo modelo económico nacional, pedir al Gobernador que abandone en definitiva la estrategia que ha generado frutos durante las últimas décadas, sería un error.  Porque incluso puede ser que el Gobierno Federal “matice” el llamado fin del neoliberalismo y no toque lo que respecta al libre comercio y la inserción de México en los mercados internacionales, como muestra encontramos la reciente reactivación de un acuerdo comercial con Brasil para retirar cupos y aranceles en la comercialización de automóviles compactos.

Considero, por lo tanto, que no existe ningún dilema. Reconozco que el modelo neoliberal está fatigado respecto al despliegue de sus capacidades para abatir la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, sigue siendo una vía prometedora para la creación de riqueza a partir del intercambio comercial y el flujo de inversiones extranjeras hacia los estados que, como Coahuila, sustentan su desarrollo en el modelo de mercado y la economía abierta.

La verdadera pregunta es si Coahuila fortalecerá su modelo de desarrollo, haciendo ajustes a la estrategia económica heredada de las anteriores administraciones, tomando en cuenta la visión progresista de la nueva administración federal.

Puede que la inversión extranjera sea amigable para las cifras de empleo, pero ha llegado el momento de impulsar un modelo de crecimiento propio y efectivo para garantizar el desarrollo, el combate a la pobreza y la desigualdad. Tercer aviso.

 

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