EL MESÓN DE SAN ANTONIO

 

106 aniversario del Plan de Guadalupe

¡Para Francisco Niebla¡

¿Qué se extraña del Plan de Guadalupe?

            Los soles abundantes del semidesierto, el roce de las lechuguillas, las plantas gobernadoras, son otra vez testigos silenciosos de este acontecimiento en el municipio de Ramos Arizpe, Coahuila.

El sol cansa, pero deja una con una reflexión real de búsqueda de identidad, como si la hicieran un santo ermitaño en el Domingo de Ramos.

La Hacienda de Guadalupe en Ramos Arizpe, está desocupada actualmente; eventualmente se le hacen arreglos para la ocasión del aniversario (26 de marzo) y luego vuelve a imperar el silencio que la sostiene como tradición, lo más constante de siempre.

Los confines de esta planicie dan la sensación de tener un minuto de retraso, pero su destino desafiante siempre se estrella en la muralla. Parece que la hierba y los arbustos se auto reparan dando la sensación de conspiración (respirar juntos).

El Plan de Guadalupe es ciertamente una conspiración que exige aire, más oxígeno puro para los convocados, sus asistentes y sus enseres cualquiera que sea.

Huele a lo lejos a café mañanero, a tortillas de harina y machaca con huevo, a chile martajado, según narra la crónica del mero día de la firma del plan.

Este documento redactado el 26 de marzo de 1913, proyectaba eliminar cualquier pretensión de legalidad que el gobierno de Victoriano Huerta pudo haber tenido y anunciaba la convocatoria a las elecciones una vez que la paz fuera restablecida.

La legalidad es el filamento que todo conecta, la línea que guía, el reto que instruye la vida misma en el estrépito de la beligerancia.

Carranza se propuso, con el plan, hacer valer sus ideales, todo lo pensaba bien como dando tiempo a que maduraran las cosas.  Con la muerte de Madero y Pino Suárez los agravios estaban manifiestos. Había llegado el tiempo. Había que dar una respuesta contundente.

Carranza tenía un plan político que fue pensando poco a poco en su larga jornada como representante de los coahuilenses en sus varios puestos de representación popular y los concretó en el Plan de Guadalupe. (Presidente municipal de Cuatro Ciénegas, diputado local, senador y gobernador de Coahuila).

En esta ocasión se había despertado el México bronco y se tenía la necesidad de guiarlo por la legitimidad. Venustiano Carranza logró aunar las voluntades de los distintos caudillos revolucionarios frente a la dictadura contrarrevolucionaria del general Victoriano Huerta.

El Plan de Guadalupe establecía que al entrar en la capital del país, Carranza o quien lo hubiese sustituido en el mando, por razones necesarias, se encargaría del Poder Ejecutivo el tiempo perentorio para convocar a elecciones. Este plan sufrió algunas modificaciones, entre ellas la del 12 de diciembre, que consideraba también la obligación de convocar a elecciones para celebrar un Congreso Constituyente.

Los ejércitos constitucionalistas triunfaban en todos los frentes, obligando a Victoriano Huerta a renunciar a la Presidencia en julio de 1914.

Carranza entró victorioso en Ciudad de México, sin embargo pronto surgieron diferencias entre los distintos jefes revolucionarios. Para intentar paliarlas se convocó la Convención de Aguascalientes (octubre de 1914), en la que se abrieron brechas irreconciliables, haciéndose insalvable la división en dos bandos: el agrario de Pancho Villa y Emiliano Zapata, quienes se negaron a disolver sus ejércitos y a reconocer la autoridad de Carranza, y la tendencia moderada y legalista que encarnaba el mismo Carranza y que contaba con el apoyo de Álvaro Obregón. Comienza otra lucha por el poder.

Pero esa, estimado lector, es otra historia…