CÁPSULAS SARAPERAS  

 

Don Panchito Rivera

En esta ocasión te platico de un tocayo mio, quien con seguridad ha sido de los Saltillenses más logevos que hemos tenido, me refiero a don Francisco Rivera Jaime, mejor conocido como “Don Panchito”.

Hombre de tres siglos, nacido en Saltillo el 10 de octubre de 1895, a finales del siglo XIX, y falleció el 4 de noviembre de 2005, a principios del siglo XXI. Una vida de 110 años, durante la cual vivió acontecimientos trascedentales para nuestra hermosa ciudad de Saltillo y para México entero.

Desde joven tuvo que empuñar las armas, en busca de un país más justo y equitativo, enrolandose en el ejercito carrancista, siendo parte del estado mayor del Varón de Cuatrocienegas y miembro fundador de lo que hoy es nuestro ejercito nacional. Prefirió apoyar al entonces Gobernador de Coahuila que reconocer al usurpador Victoriano Huerta. Llegando al grado de Sargento Primero.

Sus primeras nupcias fueron con Catalina, conocida por sus nietos como “Abuelita Cata”, con quien tuvo siete hijos: Raúl, Candelaria, Homero, Olga, Pancho, Saúl y Luis, matrimonio en el cual la felicidad, alegría, trabajo y amor fue compartido a sus hijos. Don Pancho enviudó en 1968, ya con nietos y bisnietos.

Volvió a encontrar un amor carnal en otra saltillense de nombre Lucita, y tal vez recordando sus aventuras revolucionarias, prefirió robársela que casarsela. Pero el destino, el tiempo y la vida no perdonan, por lo que 12 años después don Panchito volvió a la soledad. Pero se volvió a casar en 1989. La anecdota, para entender la juventud con la cual se sentía y vivía don Panchito, es que al salir de la iglesia, se encontró a un amigo de la camada, quien le interrogó: Panchito, ¿te volviste a casar? A lo que Francisco le respondió: Animate, aun estamos chavos.

Después del triunfo de la revolución, incursionó en el ferrocarril, empezando como garrotero y llegando a ser maquinista. Pero no sólo eso, tambien se dedicaba a la elaboración de calzado, su especilidad el zapato para ferrocarrilero. De hecho este noble oficio se lo enseñó a sus hijos, cuyos hijos y nietos siguen en el negocio, especificamente en la calle de Acuña en la zapataería RIM.

Cuando le pregunte a mi amigo Raúl Alejandro por la cantidad de descendencia de don Panchito, su bisabuelo, me dijo: “creo que nos faltarían muchas manos para contarlos”.

A la edad de 105 años, internado en el Seguro 1, tenia de vecino a un señor de alrededor de 65 años, quien no dejaba de quejarse de algún dolor. Don Pancho hizo el comentario pertinente al señalarle: “haber si ya te callas muchachito…”, la esposa del muchachito de 65 años, le dijo: “el señor tiene 105 años y no se queja”. De ahí pal’ real no hubo quejido alguno.

¿Qué cuándo descanso don Panchito?, pues su frase predilecta era, “a descansar al pantéon”.

Esta es la historia de un Saltillense, longevo, que fue revolucionario, ferrocarrilero, zapatero, padre, abuelo, bisabuelo, tatarabuelo y hasta primo hermano del mismísimo Agustin Jaime. Definitivamente don Pancho Rivera es un Saltillense como muchos que tenemos y que vale la pena presumir.

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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.