AL PUNTO

 DANIEL A. FERNÁNDEZ GARCÍA 

E-lección

El pasado 6 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones de medio término o “mid-term elections” en los Estados Unidos. Para esta ocasión, se eligieron a todos los miembros de la Cámara de Representantes (435 asientos) y a un tercio del Senado (35 curules). Además de 36 gubernaturas.

Tanto expertos, como políticos de café, coinciden en otorgar a estas elecciones un sentido más de referéndum hacia el actual gobierno de Donald Trump, que unas simples elecciones legislativas. Los resultados ya aseguran a la “blue wave” demócrata la mayoría de la Cámara de Representantes, que fungirá como verdadero contrapeso ante la mayoría republicana que seguirá en el Senado, aquel al que Donald Trump siempre ha visto como el amigo que le tiende la mano en momentos difíciles.

La ventaja para Trump es que su partido opositor navega con rumbo, pero sin capitán ni timonel, ya que durante las campañas fue difícil percibir quién lideró a los demócratas para el triunfo actual. Una Hillary Clinton desaparecida debido a la mala imagen que se le generó durante, y después, de la campaña presidencial de 2016 y un Barack Obama que dijo haberse retirado del mundo de la política, pero realizó un regreso inesperado para tomar las riendas de la campaña de su partido, haciendo una serie de declaraciones en contra del actual gobierno estadounidense.

¿Cuál es el impacto que las elecciones tienen en México?

Como es de conocerse, el actual gobierno mexicano culminó las negociaciones donde se llegó a un acuerdo trilateral, para que en el futuro, los tres países pudiesen remplazar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con el acuerdo entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA).

Nuestro actual presidente, Enrique Peña Nieto, tiene hasta el 30 de noviembre del presente año para firmar dicho acuerdo, el único impedimento es la Ley Comercial de Estados Unidos que establece que el texto del acuerdo comercial debe estar disponible públicamente durante 60 días antes de que el presidente lo pueda firmar, y que en última instancia requerirá la aprobación de ambas Cámaras del Congreso. Dicho plazo comenzó a partir del 30 de septiembre del 2018, día en que Canadá se sumó y se pactara el tratado trilateral.

Si bien técnicamente hay tiempo para que los legisladores voten sobre el USMCA este año, eso requerirá acelerar el proceso y posiblemente ignorar los comentarios de la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos, que tiene 105 días para redactar un informe que analice el acuerdo, advierte el semanario Bloomberg.

Además, la presión demócrata dentro de la Cámara de Representantes es inminente, ya que insisten en que la Casa Blanca obtenga apoyo bipartidista para el acuerdo, o de lo contrario se correría el riesgo de convertir el acuerdo en una responsabilidad política para el presidente en los próximos años.

Uno de los argumentos más fuertes por parte de los demócratas es la presión hacia México de cambiar sus leyes laborales, con la eliminación de los “contratos de protección” –que ciertamente afectan a particulares grupos de trabajadores–. Los demócratas han amenazado que de no cumplir México con este requisito, ellos se negarían a votar en favor del Tratado.

No cabe duda que la incertidumbre sigue en pie, y que los sucesos del pasado martes la denotan aún más. Será interesante ver cómo Donald Trump maneja una situación que indudablemente se presta para que haga lo que él dice hacer mejor que nadie: negociar. Por otro lado, estar al pendiente de la “blue wave” y de cómo jugará sus cartas dentro del Congreso, y ver si realmente toman el papel de real oposición una vez que tomen posesión el 3 de enero del siguiente año.

Para México no queda más que esperar a que sea el nuevo gobierno quien tome las riendas del asunto y se abra una discusión formal entre los tres países, para que sean los ciudadanos de cada país quienes salgan mayormente beneficiados.

 

Reciban un saludo, muchas gracias.

 

 

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