LA PRUDENCIA

 JOSÉ VEGA BAUTISTA

Todo Estado es, evidentemente, una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno, decía Aristóteles al explicar el origen del Estado y de la sociedad civil.

Por su parte Plutarco, en lo que puede ser un compendio de consejos a los políticos para gobernar bien, reflexiona: ¿Cómo no hubiera sido más fácil a cada uno de aquellos grandes hombres decir: «odio a tal o cual y deseo hacerle daño, pero amo más a mi patria»?. Pues no querer reconciliarse con un enemigo porque por esto debo abandonar a un amigo, es algo terriblemente salvaje y propio de bestias.

Sin embargo, los Foción y Catón actuaron mejor, pues ellos no se permitían enemistad personal a causa de diferencias políticas, sino que eran severos e inexorables únicamente en los procesos públicos, a fin de no sacrificar el bien común; pero en los asuntos privados trataban sin ira y con actitud amistosa a sus oponentes políticos.

El político, en efecto, no debe considerar a ninguno de sus conciudadanos como enemigo, a no ser que aparezcan en la ciudad, como una enfermedad o un tumor, hombres como Aristión, Nabis o Catilina. Pero a aquellos que, por otra parte, no están en armonía con el bien de la ciudad debe, como el músico, tensarlos y aflojarlos, conduciéndolos dulcemente al tono apropiado sin reprochar con ira y violencia a los que yerran, sino de forma que les produzca una impresión moral, como hace Homero:

«¡Ay¡, amigo, yo sabía que en prudencia tú superas a los otros, y tú sabes idear otro discurso mejor que ése».

 

josevega@nuestrarevista.com.mx 

@Pepevegasicilia

 

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