AVISO DE CURVA

Pueblo y razón 

La decisión de López Obrador de someter a consulta el futuro del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México no sólo pondrá a prueba la capacidad del régimen para ejercer la democracia directa, sino también significará el primer «Momento de la Verdad” para un gobierno que, aún sin asumir formalmente, tiene prisa en demostrar que la Cuarta Transformación va en serio.

Más allá del resultado para instalar el nuevo aeropuerto en Texcoco o Santa Lucía, si Morena y el presidente electo aciertan al cumplir con las expectativas creadas de consultar al pueblo las decisiones trascendentes, técnicamente complejas, onerosas para el erario y de cuyo resultado brotarán ganadores y perdedores, conseguirán algo por lo menos significativo: fincar el sello de lo que será la próxima administración, y modelar lo que deberá ser el futuro de la democracia participativa en México.

Hay al menos dos razones para adelantar que la jugada de Morena y López Obrador se antoja audaz, pero a la vez temeraria. De esto les quiero hablar hoy, porque, para quienes nos encontramos alejados del bullicio capitalino y nos es indiferente que el aeropuerto se quede dónde está o se vaya a Texcoco, Santa Lucía o Toluca, lo que nos importa no es el resultado, sino saber cómo se llevará el proceso.

La primera razón que pone en riesgo el episodio de la consulta popular ordenada por el próximo presidente es el adagio: la soberanía reside en el pueblo, pero no el conocimiento. Hasta hoy, las grandes obras de infraestructura y equipamiento habían sido evaluadas y dictaminadas por los equipos técnicos y consultores a disposición de las distintas dependencias gubernamentales. Pero, al mismo tiempo, en su mayoría, dichas inversiones fueron concebidas en la mente y al rigor de los funcionarios electos, llámense presidente, gobernador, legislador o alcalde. Nos sentíamos cómodos al pensar que la valoración del riesgo, los impactos presupuestales y ecológicos, la relación costo beneficio, entre otros aspectos detalladamente técnicos, corrían a cargo y bajo la responsabilidad de los funcionarios. Pues bien, eso ya no funcionaría.

Hay que decirlo, en muchos de los casos, el modelo decisorio descrito en el párrafo anterior, se caracterizó por distorsiones como la imposición, simulación e improvisación, lo que llevó a la instalación de obras superfluas, técnicamente mal planeadas o sencillamente rechazadas por la comunidad o el electorado. No obstante, si con la consulta se soluciona la parte «pública” que toda «política pública” debe contener, relacionada con aspectos como la participación ciudadana, la orientación hacia el interés colectivo y la rendición de cuentas, aún faltaría por resolver la parte de la «política” o «policy” (como dicen los americanos), la cual tiene que ver con el grado de eficiencia, eficacia y racionalidad de la intervención pública, es decir, el conocimiento y la pericia para descifrar la mejor opción técnica y económica para la ubicación estratégica del nuevo aeropuerto.

Una segunda cuestión que deberán superar Morena y López Obrador es la calidad y transparencia con la que se desarrolle el procedimiento de la consulta. Inaugurar una época en donde la democracia directa o participativa defina las decisiones trascendentes para el país, requiere atajar cualquier duda o sospecha de simulaciones, «cargadas”, «líneas” o mezquindades, responder con un ejercicio nivel «Suiza”, eficiente, transparente y consistente en términos de participación democrática del pueblo.

El país nórdico es uno de los modelos mundiales en referendos, consultas y plebiscitos. Acuden a las urnas todo el tiempo para definir temas económicos, políticos, culturales, sociales y hasta del medio ambiente. Los procesos de consulta gozan de una amplia aceptación y los resultados son creíbles y acatados a cabalidad.

La mayor virtud de López Obrador es que desde la campaña ha logrado mantener un equilibrio entre escuchar e imponerse. Después de poner atención al sentir de los empresarios, decidió relajar su estricta posición a favor de cancelar la construcción del nuevo del nuevo aeropuerto; ahora, al menos, la someterá a una consulta.

Pero, a partir del 1 de diciembre, la tarea más importante del Ejecutivo será la de recuperar la confianza ciudadana en caso de que la consulta falle. Y si funciona de acuerdo a lo planeado, entonces tendrá que asegurar que otros temas trascendentes para la vida pública del país, también se sometan a consulta.

Digamos que, abandonar las consultas, no sería lo sensato.  Una vez que activas el gen democrático del pueblo, no habrá quién lo pare, ni siquiera el presidente más votado de la historia de México.

 

Tu Opinión: olveraruben@hotmail.com

 

 

 

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