LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS

JOSÉ VEGA BAUTISTA

La política, de acuerdo con el sociólogo alemán Max Weber, es “la dirección o influencia sobre la dirección de una asociación política”. Esto quiere decir, en nuestro tiempo, de una comunidad humana que, dentro de un territorio, reclama para sí, exitosamente, el monopolio de la violencia física legítima. Este Estado, como todas las asociaciones políticas, es una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio del ejercicio de dicha violencia legítima. Para que subsista, es necesario que los dominados acaten la autoridad que pretende tener el dominante.

La política, en sus fines, no solo se inscribe en el ámbito de los valores, sino por sobretodo es la probabilidad de obtener obediencia en un grupo determinado. Es evidente que, en realidad, la obediencia está condicionada por motivos de temor y de esperanza y, para su ejercicio, “toda dominación sobre una pluralidad de hombres requiere de un modo normal un cuadro administrativo”. En este sentido, hoy la política consiste en obtener y/o mantener, en expropiar y/o apropiarse el monopolio de la coacción física.

A la política como asunto de voluntad, se suma ahora el poder como “probabilidad de imponer la propia voluntad aún contra toda resistencia” y al poder se suma la violencia y el monopolio de la violencia como medio ineludible y eficaz de doblegar la resistencia para la imposición del mandato.

Al estar la política en su finalidad vinculada por necesidad interna a valores y por esto al deber ser, la política tiene una relación intrínseca con la ética. La ética política y del político, sin embargo, es la “Ética de la Responsabilidad” y no la “Ética de la Convicción”. La responsabilidad de los propios actos respecto al grupo social que gobierna y los fines cuya realización aspira, para el presente y para el futuro. Responsabilidad racional de medios y consecuencias.

Los políticos son quienes haciendo política aspiran al poder; “al poder como nexo para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder por el poder, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere”, señala Max Weber. Toda empresa de dominación que requiere una administración continuada, necesita, por una parte, la orientación de la actividad humana hacia la obediencia a quienes son los portadores del poder legítimo, y por otra, el poder de disposición de los bienes que sean para el empleo del poder físico.

Se puede hacer política como “político ocasional, como profesión secundaria o como profesión principal”. Políticos ocasionales lo somos todos al votar o realizar cualquier otra forma de manifestación de voluntad de género análogo. Políticos semiprofesionales son quienes solo desempeñan estas actividades en caso de necesidad, sin vivir principalmente de ellas, ni en lo material ni en lo espiritual. Y los políticos profesionales, un equipo dedicado exclusivamente al servicio de la actividad.

La evolución del funcionario moderno, que se va convirtiendo en un conjunto de trabajadores intelectuales altamente especializados mediante una larga preparación y con un honor estamental muy desarrollado, ha permitido un grado de competencia más generalizado. Simultáneamente con el ascenso del funcionariado profesional se opera también la evolución de los políticos dirigentes.

De igual forma se ha desarrollado la figura de funcionario de Partido. En todas las comunidades en las que se celebran elecciones periódicas para designar a los titulares del poder público, la empresa política es una empresa de interesados. Esto significa que los primeramente interesados en la vida política, a través del Partido, convocan libremente a grupos de seguidores, se presentan como candidatos a las elecciones, reúnen los medios económicos necesarios y generan todo una estrategia de persuasión encaminada a ganarse los votos de la comunidad y así acceder al poder y su distribución.

Sin embargo, en este mundo de flujo y cambio constante, de conflicto permanente, ya no podemos dejar la responsabilidad a unos cuantos, todos tenemos la obligación de convertirnos en políticos, el compromiso de hacer que la política se convierta en un instrumento al servicio de la sociedad.

Es decir, con una visión moderna, tenemos el deber de participar en la toma de decisiones que afectan al conjunto de nuestro pueblo, debemos de interesarnos en las ideas que mueven a la comunidad, debatir ideas, propuestas, la ruta y los medios que nos llevarán a un constante desarrollo económico, político, social y cultural de la nación. La verdadera transformación social solo se puede dar con la participación de todos para que sea eficaz.

 josevega@nuestrarevista.com.mx

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