UN PEQUEÑO FAVOR

VÍCTOR BÓRQUEZ NÚÑEZ 

Los secretos son como la margarina, fáciles de extender pero malos para el corazón. Una cita genial, que resume perfectamente el sentido de esta muy bien elaborada película, que oscila entre la comedia negra y el thriller policial, con dos estupendas protagonistas “al borde de un ataque de nervios”.

Dos mujeres son las que protagonizan este más que recomendable filme. Una es Stephanie (Anna Kendrick), una madre soltera porque su esposo y su hermano se mataron en un terrible accidente automovilístico. Ella se caracteriza porque siempre es perfecta: atiende a su único hijo, sabe llevar su hogar y mantiene un blog de cocina dirigido a las madres.

La otra es Emily (Blake Lively), elegante, seductora, misteriosa y adicta a los martinis muy helados. Es una exitosa relacionadora pública que trabaja con un petulante diseñador de modas, que tiene un hijo y un marido que escribió un único libro.

Ambas mujeres son completamente diferentes. Una es la típica dueña de casa y la otra es una sofisticada profesional. Habitan mundos opuestos, pero por sus hijos se encuentran y acaban teniendo una especie de amistad, aunque a los ojos de los demás nada tienen en común la una con la otra.

A medida que se conocen, van surgiendo confesiones y secretos, muchos de los cuales son retorcidos y otros parecen inventados,

Hasta que un día Emily desaparece. Aparentemente se fue de viajes a Miami, por un encargo de su empresa, aunque cuando Stephanie comienza a investigar se da cuenta que hay muchos cabos sueltos en este aparente viaje de negocios.

Lo terrible vendrá después, cuando aparece el cadáver de Emily en un lago y más tarde, cuando el hijo de la difunta asegura que su madre está viva y que lo ha visitado en el colegio.

‘Un pequeño favor’ es esa película ideal para ver en familia, después de una buena cena, porque tiene todos los elementos que hacen noble al género de la comedia negra y al thriller policial: tiene diálogos mordaces, hay mucho humor y una evidente influencia del cine policial francés, con Claude Chabrol a la cabeza, que se subraya con la banda sonora plagada de temas galos.

Pero lo que eleva definitivamente este cuento que gira entre el humor negro y el policial más envolvente es la calidad de las actuaciones de sus intérpretes que están notables, cada uno en su desarrollo de personajes y en la capacidad para transmitir emociones y, por supuesto, la sobria dirección del realizador Paul Feig.

El director sabe conferir a ‘Un pequeño favor’ otros detalles, no menores, que ayudarán para que el relato fluya y no se desbarranque. Uno, es el blog que mantiene Stephanie, donde va contando su vida mientras enseña recetas y remedios caseros, que se vuelve viral cuando ella comienza una campaña para descubrir qué sucedió con Emily.

Lo inteligente de todo el asunto es que ambas mujeres son diferentes, pero se van complementando de una manera tal que se intuye que, en algún instante, todos los secretos inconfesados saldrán a la luz y eso significará que una de las dos deberá asumir graves consecuencias.

‘Un pequeño favor’ sabe sacar adelante y sin complejos su tono de comedia negra, donde abundan los giros inesperados y uno que otro asunto grotesco, todo lo cual confluye en un final desquiciado.

La película adapta la novela homónima de Darcey Bell, y tiene la suerte de contar con el guion de Jessica Sharzer (‘American Horror Story’, la tv movie de ‘Dirty Dancing’, ‘Nerve’) y la solidez en la dirección de Paul Feig, un creador curtido en la comedia con series como ‘The Office’ o ‘Freaks and Geeks’. Antes para el cine hizo ‘Cuerpos especiales’ y la nueva versión de ‘Cazafantasmas’. Viendo este filme, nadie podría dudar que su agudeza, sentido del humor cáustico y su creatividad están en su mejor instante.

Como director Paul Feig sabe filmar, logra dar con el tono preciso de comedia y thriller y genera un estilo que va desde lo formal, pasando por lo estético y sumando una exquisita ambientación para cada uno de los segmentos que componen el todo, sin dejar de lado su banda sonora que resalta el sentido entre ingenuo y sofisticado a la vez que envuelve a las mujeres.

En síntesis, esta película es un placer culpable para algunos y un festín para otros. Tiene todos los elementos para entretener de principio a fin, a la vez que puede satisfacer plenamente lo que espera un cinéfilo: una historia armada de manera prodigiosa, que se envuelve en la deliciosa complicidad del cine negro francés que, no por nada, fascinaba tanto a Alfred Hitchcock.

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