La grandeza de Kalimori

 ENTREVISTA: ALICIA DE LA PEÑA | FOTOS: ALICIA DE LA PEÑA Y KALOMORI 

Las risas de una docena de jóvenes te reciben al entrar al invernadero, donde apoyados por un ingeniero agrónomo y un grupo de tutores, se dan a la tarea de cosechar chiles, pimientos y tomates que pronto estarán a la venta en el Pueblo Mágico de Malinalco, así como en las cocinas de algunos de los mejores restaurantes de la ciudad de México.

Con esa alegría contagiosa entramos a Kalimori, un sitio lleno de flores y árboles, que alberga a una comunidad privada donde residen jóvenes y adultos con discapacidad intelectual; y que justo en las próximas semanas celebrará su primer aniversario.

Kalimori -o casa de luz en lengua aimara- surge por la iniciativa de un par de familias de la ciudad de México, quienes, al buscar un centro para apoyar el desarrollo, educación e inclusión de sus hijos adultos con discapacidad intelectual, descubren que en nuestro país no se cuenta con las instituciones adecuadas para atender a este numeroso grupo de personas.

En México hay 7 millones de personas con discapacidad intelectual, nos cuenta Annette una de las fundadoras de Kalimori, y si bien en los últimos años las políticas públicas en nuestro país han impulsado la inclusión laboral de personas con discapacidad, la realidad es que aún y cuando existe apertura en algunas empresas para recibirlos, aún queda mucho por hacer, pues un alto porcentaje de los jóvenes y adultos con discapacidad intelectual no cuentan con las herramientas para participar activamente en el sector productivo.

Además de la falta de oportunidades, la mayoría de las familias que tienen un hijo con discapacidad, tarde o temprano se enfrentan ante la gran pregunta: ¿Qué opción de vida tendrá mi hijo, cuando yo como padre de familia no pueda atenderlo?, ¿qué pasa si sus hermanos no pueden o no quieren atenderlo?

Así, y tras un largo tiempo de investigación con especialistas y visitas a centros similares en otras regiones del mundo, surge Kalimori, A,C. un centro asistencial que ofrece tres programas diferentes para atender diferentes necesidades:

  1. Residencia permanente en el cual los jóvenes y adultos viven en casas separadas para hombres y mujeres, siempre acompañados de un monitor y un asistente;
  2. Vacaciones y fines de semana, para aquellas familias que siguen atendiendo a sus hijos en casa, pero que desean proporcionarles un tiempo de esparcimiento y convivencia; y finalmente,
  3. Programa de asistencia social al que acuden jóvenes y adultos con discapacidad de la región para participar en talleres impartidos de lunes a viernes.

Para aquellas familias que deciden inscribir a sus hijos en el programa de residencia, Kalimori ofrece un hogar, con apoyo de un tutor y un asistente las 24 horas del día. Así, los participantes adquieren las habilidades y destrezas como cocinar, limpiar su habitación, lavar su ropa o lavar los trastes, que les permitan llevar una vida independiente, sentirse útiles, trabajar en equipo y volverse responsables.

En el día a día, los residentes, los visitantes del programa de fin de semana y los jóvenes del programa social participan en una serie de talleres como yoga, horticultura, danza, cocina, cerámica, carpintería o teatro, que por un lado les permiten descubrir y desarrollar sus habilidades para ser parte del mundo laboral; y por otro, les abre las puertas a un espacio de recreación y esparcimiento que difícilmente tienen en casa.

Entre los muchos objetivos de Kalimori, está el crear un grupo de pertenencia y compañerismo; así como el brindar independencia y empoderamiento a este inquieto grupo de jóvenes y adultos que desean ser parte activa de la comunidad. Así, apoyados por un equipo de profesionistas y especialistas, en un ambiente amable, agradable y divertido, donde no existen juicios ni críticas los integrantes de la comunidad Kalimori aprenden a potencializar sus habilidades, y poco a poco se van incorporando al mundo laboral, de tal forma que puedan sentirse útiles y generar ingresos para ellos y sus propias familias.

Siendo una comunidad pet friendly en los jardines de la comunidad es común ver correr a las mascotas de los residentes, quienes tras la autorización de los especialistas, pueden llevar a sus perritos para aprender también, a hacerse responsables del cuidado de su mascota.

Kalimori ha establecido dos alianzas con empresas de la localidad de Malinalco, lo que favorece la inclusión laboral de los jóvenes y la aplicación de sus conocimientos y destrezas. Por un lado, se cuenta con la alianza con Isana, una granja donde se cultivan hortalizas y se producen huevos de manera honesta -sin utilizar agroquímicos, ni hormonas-. Estos productos se venden los fines de semana a los visitantes de Malinalco, y también se distribuyen en diferentes restaurantes y cafeterías de la ciudad de México. Además, apoyados por el chef de Kalimori, los integrantes de la comunidad elaboran deliciosos panqués que ofrecen a la venta cada semana.

La segunda alianza es con Casa Pixan, hotel boutique, donde los integrantes de Kalimori pueden trabajar y convivir con su familia, cuando esta venga de visita a Malinalco.

Los grandes retos para Kalimori

Vivir, convivir y trabajar con jóvenes y adultos con discapacidad no es fácil. Existen miedos, prejuicios y tabúes, por ello “en Kalimori queremos cambiar cultura y paradigmas; queremos quitar la idea de que los jóvenes y adultos con discapacidad no sirven y no producen”, nos cuenta Annette, una de las fundadoras de la comunidad.

Con este fin, y como parte del proyecto los integrantes de Kalimori visitan Malinalco los fines de semana, acuden a los cafés o compran helados con el salario que generaron a lo largo de la semana. De igual manera, cada miércoles van al mercado, a adquirir los ingredientes que utilizarán durante la semana para preparar sus alimentos.

La idea es que la comunidad se acostumbre a ver a jóvenes y adultos con discapacidad en el día a día, y que los integre a la vida cotidiana de la ciudad. Así, estos inquietos jóvenes han visitado la zona arqueológica de la región, montan a caballo, utilizan sus triciclos especiales, y hasta han participado en turismo de aventura; disfrutando como cualquier otra persona de los atractivos de la región.

El reto es también para los integrantes del equipo, pues si bien son expertos en su área -agronomía, carpintería, gastronomía, etc- están aprendiendo de la mano de Angie Cuevas -psicóloga y directora del centro- a convivir y compartir sus conocimientos con los jóvenes y adultos con discapacidad intelectual.

De igual manera, las familias se enfrentan al reto del desapego al momento de llevar a sus hijos a Kalimori. Los sentimientos de culpa suelen estar presentes, pues de pronto se preguntan como señala Andrea -hermana de Alexia, una de las chicas residentes- si no estarán siendo demasiado egoístas al dejar a sus hijos, hermanos o sobrinos en esta comunidad. Sin embargo, indica Annette, la sorpresa es precisamente para la familia, pues hasta el día de hoy, tanto los residentes como los visitantes y los integrantes del programa social, se muestran felices de vivir en Kalimori y de participar en los diferentes talleres. De lo cual, fuimos testigos al recorrer los invernaderos, la granja, las aulas y las casas, pues en cada encuentro recibimos sonrisas, abrazos y un entusiasmo contagioso, de estos jóvenes -y no tan jóvenes que orgullosos nos invitaron a acompañarlos en sus actividades.

Finalmente, y no menos importante es el reto del financiamiento de los participantes en el programa social. Como cualquier fundación Kalimori requiere de donativos que permitan ofrecer becas a aquellos jóvenes y adultos de la comunidad que presentan alguna discapacidad intelectual. Hoy por hoy, Annette y su equipo nos invitan a conocer Kalimori y a descubrir cómo podemos apoyar en la atención de este grupo maravilloso de personas.

Kalimori atiende a jóvenes y adultos con:

  • Autismo
  • Parálisis cerebral
  • Síndrome de Down
  • Asperger
  • Retraso neurológico severo

 

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