AVISO DE CURVA

RUBÉN OLVERA MARINES 

Las facturas que pagará López Obrador

 Andrés Manuel López Obrador iniciará su gobierno con un saldo a favor de 30 millones de votos. En apariencia, una fuente inagotable de legitimidad podría acompañar al tabasqueño en sus primeros años de gobierno.

Sin embargo, habrá que convocar a la sabiduría para administrar correctamente esa riqueza electoral. Porque la política se asemeja en demasía a las finanzas: el secreto de las inversiones se encuentra en el apalancamiento, que no es otra cosa que la capacidad de apoyarse en capital ajeno (deuda) para realizar inversiones, cuidando que el capital propio no se ponga en riesgo.

Pero el apalancamiento financiero tiene un costo. Si el inversor no logra subsanarlo, ingresará a una vorágine de especulación y autodestrucción que lo llevará, irremediablemente, al camino del desastre.

Antes de abrir su período constitucional de gobierno, el «juego financiero” ha iniciado para López Obrador. Previo a la elección, toda decisión fallida o controvertida cobró legitimidad y credibilidad a aquellos grupos, partidos y actores que pusieron su capital político en manos del tabasqueño. Pero llegó el momento para el cobro de «intereses”. En este instante, la «cuenta bancaria” de López Obrador, los millones de votos que el 1 de julio se echó a la bolsa, comienzan a desgastarse.

Me explico en términos políticos. Manuel Bartlett puso en manos de López Obrador su pericia y sus conocimientos del entramado electoral; renunció al PRI para acompañarlo en lo que parecía una aventura. Hoy cobrará su apuesta. El nuevo presidente tiene la necesidad de «colocarlo”; decidió hacerlo en la Comisión Federal de Electricidad. Las críticas y señalamientos no se han hecho esperar; incluso algunas provenientes de integrantes de su movimiento. Como Bartlett, muchos ex priístas, ex panistas y ex perredistas (cuestionados políticamente o no), ofrecieron su capital para luego recuperarlo con intereses. Llegará el momento en el que López Obrador tenga que asumir algunos de los costos de quienes a lo largo de su trayectoria política y de gobierno, han dejado considerables mermas y contados haberes.

Lo mismo sucede con los cuestionamientos (fundados o no) que el público viene haciendo a Morena, después de que el INE ventilara algunas interrogantes sobre el manejo del fideicomiso para los damnificados del temblor del 19 de septiembre. López Obrador tuvo que salir en defensa de su partido. Si las pérdidas producto del entramado por el manejo de las prerrogativas de Morena se incrementan, pasarán a cobrar factura de la cuenta del próximo presidente.

Encuentro Social impugnó la elección presidencial con la intención de alcanzar el 3% que les permita conservar su registro como partido nacional. Su líder, Hugo Éric Flores, declaró recientemente: «Andrés Manuel López Obrador respalda nuestra decisión de impugnar para tratar de garantizar nuestro registro”. El PES inicia el cobro de su apuesta. ¿A quién cree usted que pasarán factura los ciudadanos inconformes frente a una resolución a favor de Encuentro Social? O a la inversa, si los tribunales electorales fallan en contra, los militantes del PES dirigirán sus miradas de enojo hacia «ya saben ustedes quién”.

Los cajones del «debe y el haber” del futuro presidente se están moviendo muy pronto y a gran velocidad. Es de extrañar que un político con la legitimidad de la que goza López Obrador, esté enfrentando un cúmulo de cuestionamientos cuando faltan meses para que asuma el cargo e inicie formalmente el denominado desgaste natural de gobierno.

Sus aliados y compromisos han iniciado el cobro de sus respectivos pagarés. A los acreedores, como es común en finanzas, no les interesa la fuente de financiamiento que utilice el deudor para fondear sus débitos. Es posible que los 30 millones de votos comiencen a moverse para pagar algunas de esas facturas.

Por otro lado, aquellos anuncios, como el de la descentralización de secretarías y la desaparición de las delegaciones federales, con los que se pretende incrementar los activos electorales de López Obrador, previo a su ascensión como presidente, parecen no haber causado el efecto esperado. Al contrario, o no han sido bien explicados y entendidos o simplemente están encontrando cierto rechazo por parte del electorado.

En este escenario no debe extrañar que algunos cercanos del tabasqueño exploren la posibilidad de sugerirle reposo; lo mismo que detenga los nombramientos hasta un nuevo aviso… de curva.

 

Tu Opinión: [email protected]