EL MESÓN DE SAN ANTONIO

ALFONSO VÁZQUEZ SOTELO

¡Día del bibliotecario coahuilense!

 Para Maru Galindo, Elsa Martha Rodríguez   fieles bibliotecarias eméritas

Guardián de libros, custodio de colecciones, depositario de manuscritos, y al mismo tiempo: guía en la casa de la palabra, consejero literario, instructor del conocimiento, así es el bibliotecario en la actualidad, que lo mismo puede recetar un buen libro a quienes buscan refugio en la literatura, que brindar asesorías escolares a jóvenes atribulados por los estudios.

El 13 de junio se celebra el Día del Bibliotecario Coahuilense y no me queda más que reconocer su importante labor en tiempos en donde cada vez es más difícil lograr que alguien lea por placer, que tenga ganas de aprender algo nuevo o quiera ahondar en un tema específico.

Y es que, a diferencia de lo que muchos piensan, los bibliotecarios ya no son esos personajes análogos que viven entre el polvo de las colecciones, de hecho, están más activos que nunca gracias a los nuevos servicios digitales que los usuarios (ofrecidos los 7 días de la semana las 24 horas del día) encuentran en las 150 bibliotecas del Estado, entre los que destacan la buscadores electrónicos, talleres de creación literaria, cuentacuentos y hasta de preparación de champú y alimentos.

Así pues, el bibliotecario ha tenido que extender sus áreas de acción, ya no sólo es un “mago” que encuentra el libro que uno está buscando entre todos los pasillos y estantes, ahora también es maestro, psicólogo y hasta confidente. Hasta cierto punto, me recuerda a esos buenos cantineros que no sólo ofrecen tragos a los parroquianos, sino también prestan su oído y dan su mejor consejo para menguar la tristeza de quien está en la barra.

¿Ha visitado una biblioteca recientemente, estimado lector? Si no lo ha hecho, le recomiendo que lo haga pronto y con calma. Si va en la mañana, encontrará a personas mayores leyendo el periódico, a niños de alguna escuela que van de excursión, a señoras en clubes de lectura, o a algún joven confundido que busca pasar el tiempo. Y por supuesto, encontrará a los bibliotecarios sabiendo lo que saben hacer: buscar y proveer a cada uno de los visitantes las letras que piden o necesitan.

Justo el otro día vi la magia en acción de esta noble profesión: una joven entró a la Biblioteca Múzquiz Blanco ubicada en la Alameda de Saltillo, parecía afligida, andaba sola y se veía algo desorientada, recorrió con la mirada los estantes repletos de libros y, quizá como los problemas en su vida, no sabía por dónde empezar. Ni siquiera sabía qué estaba buscando. Una bibliotecaria, de sonrisa amable y semblante tranquilo, se acercó a ella y adivinando su desorden, la llevó a la clasificación 800 y sacó el libro “Doce cuentos peregrinos”, de Gabriel García Márquez. “Lee los que alcances a leer, y si quieres, te lo puedes llevar prestado, ahorita te saco una credencial y cuando regreses me dices qué te pareció”. La joven alcanzó a sonreír antes de que le salieran las lágrimas, se sentó y se puso a leer. Su angustia y tristeza fueron desapareciendo conforme avanzaba en las páginas.

Entonces entendí que de eso se trata ser bibliotecario, no sólo de acomodar libros de acuerdo a la clasificación Decimal Dewey (que es bastante nemotécnica, por cierto), sino de encontrar el libro dotado de hermosura para cada persona.

¡Feliz día del bibliotecario coahuilense a todos los que laboran en estos recintos de cultura bibliográfica¡