La Cocinita de la Caridad, alimentos con amor para los más necesitados

La Orden de los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula, opera en Saltillo un programa de apoyo alimentario con el que se benefician más de 200 personas en situación vulnerable

POR JOSÉ TORRES ANGUIANO

Hace unos años, se empezó a volver común que personas de escasos recursos que circulaban por la calle Vicente Guerrero, en el Centro de Saltillo, llegaran a las grandes puertas del Convento de Nuestra Señora de la Soledad, para pedir comida. Uno de los sacerdotes de la orden de los frailes mínimos de San Francisco de Paula, tuvo entonces la idea de cocinar un poco más de lo común para ofrecerlo a quienes lo pidieran.

Sin embargo, la voz comenzó a correrse, y cada vez eran más las personas que llegaban al convento. Lo hacían a todas horas, incluso por la noche.

Fue entonces que tuvo que dársele formalidad al proyecto que nació como una mera obra de caridad, de esas que salen del corazón. No había que detenerse, sino lograr más.

Contiguas al convento de los mínimos, había dos pequeñas habitaciones que fueron adaptadas como un comedor, iniciando así de manera formal, en el 2015, hace exactamente 2 años y 8 meses, la Cocinita de la Caridad, que hasta la fecha funciona.

En aquella ocasión se tenía ya registrado a un grupo de alrededor de 35 personas, que diariamente acudían por su platillo. Hoy en día se tiene un registro de más de 200 personas, de las cuales, alrededor de 120 son constantes.

Todos los días, de lunes a viernes, alrededor de las 10:00 de la mañana un grupo de laicos llegan a las instalaciones de la Cocinita de la Caridad para preparar los alimentos, no es por nada, pero –aseguran- cocinan ‘muy sabroso’.

Luego, de 12:00 de mediodía a las 2:00 de la tarde se abre la puerta de la Cocinita, y los comensales van llegando de poco en poco. Entran al lugar y dicen su nombre, la mayoría están registrado en una lista que previamente se ha levantado, aunque es común que llegue gente nueva, a la que por ningún motivo se le niega el alimento.

Lo que los beneficiarios reciben es un plato de comida caliente y un vaso de agua fresca. Luego ellos deciden si se quedan en alguna de las mesitas a comer junto con las demás personas, o salen –sobre todo cuando las temperaturas son altas- a la banqueta o escalinata del convento.

La calle Vicente Guerrero se convierte por dos horas en la calle de la caridad.

En entrevista con EL HERALDO, el superior de la orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, Fray Omar Solís Rosales, confesó que esta obra que emprendieron, lo hicieron basados en el evangelio de San Mateo, en aquella parte que dice “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber”.

“Luego preguntan ¿Cuándo señor, cuándo hicimos esto?, pues cada vez que lo has hecho con el más pequeño de tus hermanos, me lo hiciste a mí”, señala el sacerdote.

Pero el apoyo no solo es de esta forma, además de la comida, a algunos de los asistentes les han brindado terapias, sobre todo en el tema de la drogadicción.

Y por si fuera poco, para que los alimentos lleguen a todos los que deben llegar, otro grupo de laicos asisten a hospitales o casas, en donde tienen registrados alrededor de 35 enfermos, quienes no pueden ir hasta la Cocinita de la Caridad, pero sí necesitan recibir los alimentos.

“Hay muchas personas que hacen cosas muy buenas, nosotros hemos querido plantearnos por qué lo hacemos. Hay personas que hacen muchas obras de caridad por sentirse bien ellos mismos, hay personas que hacen muchas obras de caridad porque desean un poco de publicidad, las obras de caridad que realizamos en la cocinita de la caridad, al centro está el ser humano, vemos a Cristo en persona que viene y nos visita, cada vez que damos un alimento”, indica Fray Omar Solís.

Los frailes mínimos se apoyan con un grupo de voluntarios para lograr sacar adelante las labores de la Cocinita, este grupo se divide en tres partes, los que se encargan de buscar apoyos, los que cocinan los alimentos y finalmente los que entregan alimentos y limpian la cocina.

Fray Omar asegura que en cada uno de los que llegan a pedir alimentos está Dios, y recuerda con una sonrisa una ocasión en la que llegó un adulto mayor, pidió su comida y se sentó en una de las mesas. Apenas probó unas cuantas cucharadas y comenzó a llorar, al verlo, los encargados de la cocinita se acercaron y le preguntaron sobre lo que le pasaba, y dijo: hace mucho que no comía algo así de rico.

“Nosotros recibimos el amor de todos ellos, que nos van agradeciendo, que nos hacen participes de sus necesidades”, señala el sacerdote.

En el comedor de la cocinita está una imagen de San Nicolas Saggio de Longobardi, un fraile de la orden de los mínimos, que era el portero de uno de los conventos y entregaba comida caliente a los necesitados que se acercaban, de allí que nace esta buena obra.

 

PLANEAN CONVERTIRSE EN LA CASA DE LA CARIDAD

Los proyectos de los frailes mínimos en Saltillo no se detienen, ahora, les fue donado un terreno que se encuentra detrás de la Cocinita de la Caridad, y la intención de la orden es ampliar la Cocinita para convertirla en la Casa de la Caridad, y entre otras cosas, ampliar el comedor para hacerlo más cómodo para los necesitados.

Pero además, plantean ofrecer apoyo médico y psicológico a todos ellos, incluso, uno de los frailes está por terminar su carrera en Psicología para convertirse en el encargado de este programa.

Junto con Cáritas Diocesano, los frailes también han realizado visitas médicas a enfermos, además de organizar brigadas médicas en diferentes colonias.

“Los saltillenses son muy generosos, porque a través de ofrecer algo, pues el Señor nos protege y nos cuida, y no permite que nos falte nada”, indica fray Omar. (JOSÉ TORRES)

 

 

 

 

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