Los diamantes, ¿son una buena inversión? 

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Los diamantes tienen un brillo casi irresistible, pero no son una inversión para cualquiera. Foto: Andy Rain/epa/dpa-tmn 

Por Elena Metz

Cuando las Bolsas fluctuando y las burbujas financieras acechan, muchos buscan alternativas de inversión algo más estables. Las propiedades y el oro son las variantes clásicas, pero hay algunos que se atreven a ir por más: los diamantes. ¿Son realmente una buena inversión o es un mito?

El corazón del comercio de diamantes está en Amberes, Bélgica. El “Antwerp World Diamond Centre”, también conocido como AWDC, tiene medidas de seguridad que lo hacen parecer un fortín. La calle está vallada, hay cámaras siguiendo los movimientos de todos los peatones, y si uno quiere entrar en las instalaciones, más vale que lleve el documento.

La razón es muy simple. “Aquí vemos pasar diamantes por un valor de 220 millones de dólares, todos los días”, explica la portavoz del centro, Karen Rentmeesters. Por lo general son diamantes en bruto que son adquiridos por comerciantes y entregados para que sean pulidos.

Al igual que el oro, los diamantes suelen ser más demandados cuando el mercado no está yendo bien, y eso se ve claramente reflejado en el índice Rapaport, de diamantes pulidos y de un quilate. El índice muestra que hubo un aumento evidente de precio entre 2008 y 2011, cuando los principales índices bursátiles como el Dow Jones estaban por el piso, derrumbados ante la crisis financiera y las preocupaciones por las deudas públicas que traería la crisis en Estados Unidos y Europa. Este año, cuando las bolsas cayeron a principios de febrero, el índice de los diamantes volvió a subir. La correlación está clara.

Lo cierto es que el precio del diamante suele ser mucho más estable que el del oro. “Las piedras preciosas conservan su valor”, explica Jörg Lindeman, gerente comercial de la Bolsa de diamantes y piedras preciosas de Idar-Oberstein, Alemania. Lindemann dice que ha notado un creciente interés por los diamantes, pero advierte que para poder invertir bien hay que conocer el mercado en profundidad. “Como alguien particular es difícil”, añade.

El precio del oro se calcula por el peso, en cambio el del diamante se calcula a través de cuatro variables, conocidas como las cuatro C: los carats (quilates, peso); el color, el corte, y la claridad o pureza. Cada pieza es única, y por eso es complejo compararla con otras o establecer un criterio estándar.

Justamente también por eso existe una serie de reglas para poder hacer una buena evaluación de cada pieza. Se las conoce como el proceso Kimberley, y es básicamente un sistema de certificación de la procedencia de los diamantes. Este proceso busca evitar que hya diamantes en circulación que finalmente financien guerras y conflictos.

Michael Gibb, de la NGO Global Witness, dice que el proceso no funciona como debería. ¿Cómo certificar que los diamantes vienen de una zona libre de conflictos? ¿Qué significa eso?, se plantea Gibb. La explotación, el lavado de dinero y la evasión, sostiene, son factores que no se están teniendo en cuenta.

De todos modos, no todos los diamantes provienen de las minas. Ya se fabrican en un laboratorio desde los años 50. El físico Matthias Schreck, de la Universidad de Augsburgo, logró fabricar junto con su equipo un diamante de 155 quilates y 92 milímetros de diámetro en marzo de 2017. Fue uno de los diamantes más grandes fabricados por el ser humano. De todos modos, este tipo de diamantes no suele ser lo que buscan los inversores o coleccionistas. Están pensados más bien para la inustria electrónica, explica Schreck.

Los diamantes artificiales tienen las mismas características que los naturales, pero son, en promedio, un 25 por ciento más económicos. La diferencia sólo puede notarse en un laboratorio.

Es decir: ¿un inversor privado puede comprar diamantes evaluándolos en el momento? No se lo recomendamos. Existe una plataforma, la Signapore Diamond Investment Exchange, que facilita el comercio electrónico con estas piedras preciosas. Cuestión de confiar. (DPA)

 

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