Presidente de Honduras jura su segundo mandato entre protestas

TEGUCIGALPA. El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, juró hoy para su segundo mandato en el poder, dos meses después de su reelección en los polémicos comicios generales del 27 de noviembre de 2017, informó Excelsior.

“Prometo ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes”, juró Hernández.

El gobernante, de 49 años, asumió a las 09:30 hora local (15:30 GMT) en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, donde el titular del Parlamento, Mauricio Oliva, le colocó por segunda vez la banda presidencial.

“Queda en posesión de su cargo y que Dios lo bendiga”, expresó Oliva a Hernández.

Este sábado, hace cuatro años, Oliva también le colocó a Hernández por primera vez la banda presidencial tras su elección en los comicios generales de 2013.

En la ceremonia de este sábado el mandatario estuvo acompañado por su esposa, Ana García.

Miles de hondureños, en su mayoría portando banderas del gobernante Partido Nacional asistieron al Estadio Nacional, cuyas instalaciones fueron resguardadas en su exterior e interior por un riguroso sistema de seguridad.

Cuerpo diplomático, representantes de organismos internacionales, funcionarios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y otros invitados, asistieron a la investidura de Hernández.

Hernández, un abogado conservador aliado de Estados Unidos, deberá gobernar en un ambiente de alta tensión por las amenazas de la oposición de seguir reclamando en las calles del país centroamericano, uno de los más violentos y pobres de Latinoamérica, azotado por las pandillas y el narcotráfico.

La estrecha victoria de Hernández por un 1.53 por ciento de los votos fue reconocida por gran parte la comunidad internacional, incluyendo México y Washington, pese a que la Organización de Estados Americanos (OEA) dijo que es imposible tener certeza sobre el resultado y recomendó nuevos comicios.

OPOSICIÓN EN LAS CALLES

Una hora antes de que Hernández asumiera, policías y militares dispersaron con gas lacrimógeno una manifestación encabezada por el excandidato presidencial de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, Salvador Nasralla, y su coordinador general, el expresidente hondureño Manuel Zelaya.

Los manifestantes, coreando “fuera JOH” (Juan Orlando Hernández), habían caminado pocos metros en dirección al Estadio Nacional cuando fueron dispersados en el momento que iban por abajo de un puente aéreo en un bulevar en el oriente de la capital hondureña.

Nasralla había dicho el viernes que si el pueblo se aglutinaba hoy en los alrededores del Estadio Nacional, pasaría por encima del Ejército para impedir que Hernández asumiera.

“Estamos protestando la instalación en el poder del dictador Juan Orlando Hernández que, con un gran fraude escandaloso, se ha robado la presidencia en contra de la voluntad del pueblo”, dijo Antonio Tejada, un obrero de 33 años que manifestaba en Tegucigalpa.

“Vamos a seguir luchando porque se vaya del poder”, añadió.

Al menos 37 personas han muerto en los enfrentamientos entre seguidores de Alianza de Oposición Contra Dictadura y fuerzas de seguridad, según la organización Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH).

El banco central ha advertido que los bloqueos y marchas podrían afectar a la debilitada economía hondureña.

Hernández ha prometido mantener su estrategia de mano dura en el combate a los carteles de la droga y las pandillas, después de reducir el índice de homicidios casi un 50 por ciento durante su primer mandato pese a las denuncias de abusos a los derechos humanos de activistas y ONG.

El mandatario ha sido aplaudido por los mercados por su disciplina fiscal, con la que redujo el déficit en unos cinco puntos porcentuales a un 3,2 por ciento del Producto Interno Bruto.

Durante su primer mandato, el crecimiento económico se aceleró a un 4.2 por ciento en 2017 desde un 2.8 por ciento en2013 y Hernández prometió que la economía seguirá creciendo.

Sin embargo, sus críticos reclaman que la mejora de las cifras no ha beneficiado a la mayoría del país, donde seis de cada 10 personas viven bajo el umbral de pobreza y decenas de miles deciden emigrar a Estados Unidos cada año buscando mejores oportunidades. (EXCELSIOR)