Eduardo J. De la Peña
Publicado: Junio 29, 2012
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En el llamado período de reflexión electoral hay actores políticos que no están guardando silencio, al contrario aprovechan el espacio, y no para promoverse o inducir el voto en tal o cual sentido, sino para minar la credibilidad de la autoridad electoral.
Claro no aparecen públicamente, lo hacen emboscados en el nuevo espacio de anonimato que dan las redes sociales, pero bajo una táctica a la que han recurrido mucho en el pasado, esparcir versiones, sembrar dudas, creando un ánimo de desconfianza hacia la autoridad como preámbulo de los actos de protesta que montarán en los próximos días.
Pretenden manipular a la opinión pública haciendo creer que se están cometiendo irregularidades ante las que la autoridad se mantiene indiferente; pretendiendo que el IFE vaya más allá de sus facultades legales y castigue conductas que en realidad no son delictivas, y por más amorales que sean o parezcan si en la ley que regula este proceso no se les prohíbe, no puede haber sanción si alguien las comete.
Hacen también circular versiones como la de los anillos para anular votos que supuestamente se repartieron a los representantes de un partido y que tienen oculto un trozo de crayón para alterar las boletas durante el conteo; y la de que los lápices que se utilizarán ahora en las casillas son borrables.
Con todo esto, de entrada están descalificando a los miles de mexicanos sin partido que estarán a cargo de las casillas, pues o los creen muy tontos como para no darse cuenta si algo de esto ocurriera; o muy corruptos como para percatarse y callar.
Nuestro marco legal y la forma de organizar las elecciones son perfectibles desde luego, pero la vulnerabilidad se tiene en las etapas previas a la jornada de votación, no en la operación de las casillas, cómputos y calificación.
Hay que confiar entonces en la autoridad electoral, no como un acto de fe ciega, sino como un reconocimiento responsable de que hay suficientes mecanismos y toda una logística que aseguran el respeto al sentido del voto.
Desconocer que son los mismos ciudadanos, como funcionarios de casilla, quienes vigilan la elección, y dar crédito a los que con un propósito avieso siembran la duda, es abrir la puerta a una crisis política que traería graves consecuencias para México.
Que este período de reflexión sirva no únicamente para decidir a quién se da el voto, sino también para pensar en que un litigio poselectoral artificioso sería un lastre para nuestro país.
edelapena@infonor.com.mx