AVISO DE CURVA

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La UA de C se suma a la transformación

La Universidad Autónoma de Coahuila vive hoy una especie de dualismo institucional. El primer extremo podría conducir a la máxima casa de estudios hacia la modernidad y ponerla en sintonía con la nueva política educativa de la administración federal. Pero, de resistirse al cambio, lo opuesto estaría condenándola a repetir el pasado y aislándola del nuevo entorno político nacional.

Por una parte, en la persona de Salvador Hernández Vélez la comunidad universitaria encontró un rector cuyas ideas y liderazgo parecen alinearse con los cuatro pilares de la educación universitaria moderna que, a su vez, en su mayoría, sintonizan con los planteamientos de la autoridad educativa federal: promover la transparencia, asimilar las nuevas tecnologías, incrementar la cobertura y fortalecer el sentido social.

Bajo la dirección de Salvador Hernández Vélez y con la definición del Consejo Universitario, la UA de C vive una importante transformación. Se trata de dar un impulso renovado a la vinculación y al extensionismo universitario; de redirigir su oferta académica y de investigación hacia la atención de los problemas sociales; y de garantizar el acceso a la educación superior a los jóvenes en condiciones de vulnerabilidad o marginación.

Pero quizás el punto más destacado abordado en la reciente sesión del Consejo Universitario haya sido la definición y el establecimiento de los principios de transparencia y austeridad como los elementos centrales de la gestión universitaria de los próximos años.

Dentro de la agenda universitaria reciente, podemos encontrar la puesta en marcha de una Defensoría de los Derechos Humanos Universitarios, el impulso a una agenda ambiental, la implementación de un programa de equidad de género y la consolidación del sistema de intercambio internacional.

Se puede afirmar que junto a la vinculación con el sector productivo y a la industria 4.0 de la región, las nuevas prioridades impregnadas con un importante ingrediente social y la definición de una gestión transparente de los recursos como un compromiso institucional, la UA de C consolida una creencia al interior de la comunidad universitaria: ¡transformarse o extinguirse, adaptarse o resignarse al olvido!

No obstante, a pesar de que la UA de C se encuentra en un claro replanteamiento, también arrastra una serie de reclamos pendientes, errores de su pasado, relacionados con la opacidad e incluso con un incorrecto manejo de los recursos, y cuyas secuelas, de no remediarse de inmediato, estarían provocando algunos impactos negativos en su proceso de modernización y en su afán de sintonizarse con la nueva realidad política nacional.

En el pasado, la falta de transparencia y pericia en el manejo de los recursos llevó a un debilitamiento de las finanzas de la Universidad, aspectos que se reflejaron en certeras y preocupantes observaciones emitidas recientemente por la Auditoría Superior del Estado (ASE). Al mismo tiempo, llamaron la atención las notas periodísticas que relacionaban a la máxima casa de estudios con la utilización de empresas fantasmas para el desvío de recursos.

A pesar de que el actual rector ha aclarado lo sucedido, la duda queda. Situaciones que chocan con el advenimiento del cambio, vinculado al hartazgo por los abusos del poder, y a la exigencia para que los funcionarios garanticen un estricto apego a la normatividad y una efectiva transparencia en el manejo de los recursos públicos.

Por otra parte, si bien la UA de C se ha contagiado del proceso de transformación, estableciendo, en voz de su rector, la necesidad de «hacer sinergia con la federación”, también es cierto que muchos universitarios consideran que los retos trazados por el gobierno federal para incrementar la cobertura en educación superior, ampliar la oferta educativa no escolarizada, formar alumnos comprometidos con las problemáticas sociales de su comunidad, dignificar y revalorar el trabajo docente, mejorar las condiciones de equipamiento e infraestructura y establecer mecanismos confiables de transparencia y rendición de cuentas, son de tales dimensiones que aún se desconocen los «cómos”, los «quiénes” y los con «qué” se llevarán a cabo las acciones para asegurar una auténtica y pronta transformación universitaria.

Hemos visto entonces la actual dualidad de la UA de C: el liderazgo del rector Salvador Hernández Vélez y la visión renovada del Consejo Universitario, compartida por la mayoría de los universitarios, contrasta fuertemente con lo sucedido en el pasado, donde predominó, a decir de la ASE y de las notas periodísticas, la opacidad y el manejo discrecional y dispendioso de los recursos.

La división entre el presente y el pasado implica romper con años de separación entre la visión del Consejo Universitario y la gestión de sus respectivos rectores.

Al mismo tiempo, se requiere un aumento sustancial en las capacidades institucionales y de gestión de la rectoría frente a los retos que impone la modernización y la llamada transformación.

 

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