AVISO DE CURVA

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Coahuila, locos por el crecimiento

 Con la idea de maximizar la inversión extranjera, las últimas administraciones estatales de Coahuila han impulsado una estrategia empresarial, pero se han olvidado de edificar las bases para consolidar el desarrollo.

La ideología del crecimiento económico sostenida en la atracción de empresas extranjeras y en la creación de empleo maquilador a cualquier costo, ya no es la apropiada para nuestra época. Al contrario, la maniobra para promover el incremento desmesurado de empresas de todo tipo sin que medie un proceso selectivo que imprima orden y coherencia al desarrollo tiende a ocasionar, cada vez con mayor intensidad, una serie de efectos y consecuencias contraproducentes para la calidad de vida y el medio ambiente de zonas metropolitanas de rápido crecimiento urbano, como la de Saltillo.

En efecto, el paradigma económico dominante de los últimos sexenios, fomentado al máximo por el actual secretario de Economía, Jaime Guerra, concebido a partir de una antigua generación de políticas de desarrollo económico local en donde la participación del gobierno estatal se reduce a realizar giras de promoción, ofrecer incentivos financieros y dotar de infraestructura como medidas para la atracción de empresas extranjeras, pasa por alto los problemas de contaminación, saturación de transporte y vialidades, inseguridad,  exceso de residuos industriales, tiempo de traslado en la ciudad, crecimiento de zonas urbanas en condiciones de marginación y polígonos de pobreza, incrementos en los precios de vivienda y alojamiento, falta de escuelas, sobreexplotación y agotamiento de los recursos naturales, empleos deficientemente remunerados, viviendas abandonadas y vandalizadas, entre otros importantes costes sociales.

Si bien es cierto que en Saltillo los costes externos asociados al desarrollo industrial, a la concentración espacial y a la acelerada urbanización, no son todavía lo suficientemente significativos como para determinar una baja considerable en el bienestar y la calidad de vida de sus habitantes, lo cierto es que la falta de conocimiento sobre el alcance y la naturaleza de los daños sociales ocasionados por el crecimiento industrial desmedido y poco selectivo, podría, en corto plazo, llevar a la ciudad a situaciones como las que sufren algunos municipios de Nuevo León que han sido seriamente afectados por el crecimiento industrial.

Pensemos en el municipio de García. En pocos años, este centro poblacional fue ocupado por un considerable número de empresas. Los costes sociales llegaron junto con el progreso. Entre otras problemáticas, podemos destacar la falta de escuelas y aulas para atender el crecimiento de la población –la mayoría de los nuevos vecinos, procedentes de otros estados de la República–, congestionamientos –traslados en auto de 10 minutos dentro de la ciudad, se convirtieron en auténticas peregrinaciones de hasta 50 minutos– encarecimiento de la vivienda, contaminación, carencia de los servicios públicos municipales, etcétera. Quien es o ha estado recientemente en esa ciudad, sabe perfectamente de lo estoy hablando.

Es cierto, las empresas extranjeras solucionan, en parte, el problema del desempleo, pero no hay evidencia de que estén favoreciendo al desarrollo económico y social a mediano y largo plazo de las regiones y ciudades mexicanas que han sido prácticamente «colonizadas” por las multinacionales y sus proveedores durante los últimos años.

Ciudades como Monterrey, Santa Catarina, Apodaca, Escobedo, San Nicolás y García en Nuevo León; y Saltillo y Ramos Arizpe en Coahuila, registran altos niveles de ocupación, sin embargo la concentración industrial y el crecimiento desmesurado de la mancha urbana ya no pueden entenderse sin causar daños para los habitantes, en parte por la capacidad limitada de los gobiernos municipales para dar respuesta a la creciente demanda de servicios primarios, vialidades, seguridad, parques, escuelas. El resultado ha sido una afectación en la calidad de vida, sobre todo para aquellos habitantes que han residido toda su vida en dichos municipios.

Cuando el gobierno de Coahuila, en voz de Jaime Guerra, presume que el estado ocupa el primer lugar nacional en captación de inversión extranjera per cápita, y que además en este año se intensificará la promoción económica de la entidad en Japón, China, Corea y Estados Unidos, tal vez es el momento de que los funcionarios de Coahuila reflexionen respecto a que en el presente, el interés público comienza a dirigirse hacia la implementación de políticas en sintonía con las demandas sociales de los habitantes de la ciudad.

Lograr la convergencia entre la inversión extranjera y el desarrollo económico y social de Saltillo, es la actual exigencia que demanda políticas de nueva generación, así como de la creatividad y certeza de los funcionarios.

 

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