EMBRIAGUEZ Y PODER  

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Inicia un nuevo sexenio y lo que pinta para convertirse en un sexenio caracterizado por la ruptura de esquemas, el cambio de modelo y la destrucción de paradigmas que ni siquiera sabíamos que teníamos.

Inicia el presidente Andrés Manuel López Obrador con un apoyo popular marcado, escenario que no se observaba desde hace mucho tiempo con genuina realidad. En él están depositadas las esperanzas, no solo para cambiar el futuro, sino que parece también que pretende cambiar el pasado. Sobre él empieza a pesar la historia, su discurso seduce a las masas porque representa el inalcanzable alcanzado y eso se siente como éxito.

Cuenta con un bono de popularidad que tenderá acrecentarse conforme se empiecen a mover los hilos de influencia que el gobierno tiene. Todo indica que su popularidad no bajará porque ya se ha iniciado un discurso que empieza a cambiar la esperanza por espera, nunca será igual que te digan; ten esperanza a espérate. Sin embargo, estos movimientos pueden constituir un peligro, porque el poder embriaga y hace sentir infalible. La embriaguez de poder no solo hace perder el rumbo y vuelve emocional a la persona, sino que también envalentona para asumir riesgos que quizá no se deban asumir. El filtro sigue siendo pensar en las instituciones y no en las personas, ya no es el presidente sino la presidencia del país, esto sobre lo que ha de vivir, y sobre lo que ha de hacer es filtrar a las “3 p”; Problemas, Políticas y Política.

Aplaudo y festejo la sensación nacional de esperanza, si esto sirve para modificar los dolorosos comportamientos que nos limitan y que constituyen el peso en las alas del águila, que bueno que empiece la transformación. Sigo creyendo que los modelos económicos se les ha enjuiciado injustamente y se les ha adjudicado en su contra la molestia causada por la ambición del hombre, cosa que en el modelo neoliberal y en cualquier otro existirá. No debemos confundir los métodos con las formas. El liberalismo ha traído desgracias como también el paternalismo. Pero sobre ellos cae el juicio de las conversaciones, que no miden con escala sino con vivencias, pero seamos astutos para ver el futuro, un futuro marcado por el cambio.

¿Qué nos espera en este nuevo sexenio?, opino que tendremos un primer año lleno de discursos, de acciones que empiezan a romper paradigmas y con ello se construye una narrativa de cambio. No hay acciones directas a desprestigiar u obstaculizar la labor empresarial, espero que no vengan. El mensaje en el Zócalo capitalino de; “estoy en contra de la riqueza mal habida” resulta un mensaje tenue en tiempos de incertidumbre. Creo que el primer año será para medir fuerzas contra el poder judicial, contra los estados y contra los municipios. Así transcurrirá la luna de miel, un noviazgo que oficialmente ha empezado pero que ahora se interpreta con mucho más pasado que el que tiene. El presidente medirá sus bonos en cada oportunidad.

Viene un tiempo necesario para la participación ciudadana, para asumir el papel que le corresponde a la ciudadanía.

Yo soy Héctor Gil Müller, y estoy a tus órdenes.

 

 

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