EL MESÓN DE SAN ANTONIO  

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ALFONSO VÁZQUEZ SOTELO

 ¡Noticias!! ¡Noticias!

Bombay era un lugar misterioso, quedaba lejos y cuando aparecía en una nota que el tren de aquella ciudad de la India se había descarrilado, que había costado 700 muertos y más de 1,100 heridos, nada nos decía en su totalidad; lográbamos dimensionar ligeramente la tragedia si la noticia incluía una fotografía, y comentábamos “ese ferrocarril venía sobrecargado en demasía”. Sin embargo, era una noticia perdida que servía de relleno en las notas de la redacción o bien, era el colofón de un noticiero en la radio, y el seguimiento, claro, era nulo.

Como lectores, ¿imaginábamos todo el acontecimiento? Creo que no. Tampoco preguntábamos cosas, como: ¿llegaron los paramédicos a tiempo?, ¿las ambulancias fueron suficientes?, ¿de dónde obtuvieron la sangre necesaria para los heridos? Todo eso permanecía oscuro para el lector pues además, no se volvía a mencionar el tema.

Una noticia así, tristemente, sucedió en nuestro Saltillo, con la tragedia del trenazo de peregrinos en 1972, sólo que por ser nosotros los protagonistas, todo fue alarma, los servicios médicos se colapsaron y desde esta localidad, el mundo recibió el impacto de la noticia…

Yo supongo que ante la urgencia de brindar información eficaz y verídica, años después se fundó la Escuela de Comunicación gracias a las gestiones de Armando Fuentes Aguirre “Catón”, quien se afanó en esta empresa, y en la fortaleza de un cuerpo académico que le dio sustento, en especial Javier Villarreal Lozano quien permanece como maestro emérito de la propia escuela.

Justo hace unos días, el Lic. Francisco Treviño Granados recordaba sobre el trenazo de Puente Morena que sólo eran cuatro reporteros, ahora, gracias a la Escuela de Filosofía y Letras y de Ciencias de la Comunicación de la UA de C, aún el acontecimiento más nimio es atendido por una decena de ellos.

¿Cuánto ha cambiado la forma de manejar la noticia?

Ahora el soporte de la noticia es más virtual. El tiraje de periódicos en papel cada día deja de ser redituable, de hecho, periódicos de gran prestigio han dejado las formas tradicionales y han emigrado a las virtuales.

¿Qué sucede con el lector de la noticia en formato virtual?

Pues en ellos se ha producido un cambio de magnitudes aún insospechadas, ya que de recibir noticias sólo del periódico que compraba, virtualmente tiene la posibilidad  de comprobar la información en otros medios locales, nacionales e internacionales: noticias de todo el mundo en un click, un desfile interminable de información que nos llevan más y más lejos.

Gracias a la tecnología, todos son reporteros y todo es noticia, pero lo instantáneo hace que se difunda información sin verificar. Aunque a nadie parece importarle. “Pululan los periodistas”, dijo un buen editorialista. Existen reporteros de todo tipo, es decir, de todos los temas: los que cubren deportes –que son los menos-, hasta los de la nota policiaca -que son los más-.

Ciertamente, la responsabilidad de informar nunca debe de tomarse a la ligera, pero también, debería existir responsabilidad en el lector y, más específicamente, del usuario: no compartir los famosos “bulos” de internet, mejor conocidas como “fake news”.

Nunca antes habíamos estado sobreexpuestos a la información, y aunque podría ser positivo para la libertad de expresión, estamos siendo testigos de la devaluación de la veracidad.

Es necesario que las escuelas de periodismo y comunicación, insten a sus alumnos a comprobar las fuentes, a revisar el contenido, a estar informados y, sobre todo, a nunca difundir un hecho que no está verificado. Sólo así podemos, como lectores y usuarios, ser más responsables con la información que nos llega a la mano.

 

 

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