¿Quieres donar tu cuerpo a la ciencia?

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 Ciudad de México.- Cuando cursaba la preparatoria, Laura Echeverría solía bromear sobre la muerte con su familia. Ella y sus hermanos estudiaban en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desde entonces la joven tenía tanto aprecio y respeto por su universidad que entre risas decía: “Cuando me muera voy a donar mi cuerpo a la UNAM, para que los estudiantes de medicina no anden penando por cuerpos”. Hace ocho meses, Laura se inscribió formalmente en el Programa de Donación de Cuerpos de la institución.

En China, Laura sería conocida como una maestra silenciosa, una persona que después de su muerte permite a los estudiantes practicar un trasplante de riñón, antes de realizar el procedimiento en un paciente vivo, o hace posible a un grupo de investigadores conocer la anatomía de un hígado graso.

Los maestros silenciosos regalan conocimiento y a la vez regalan vida, pues los jóvenes médicos podrán operar con mayor seguridad si practican en un modelo tan parecido a lo que encontrarán en la sala de cirugía de un hospital.

Por fortuna, Laura no es la única maestra silenciosa en México, mil 430 personas decidieron donar sus cuerpos al morir y están inscritas en el Programa de Donación de Cuerpos de la UNAM.

Esta es una cifra esperanzadora, considerando que el programa inició hace dos años con 27 donadores inscritos, explica Diego Pineda Martínez, jefe del Departamento de Anfiteatro de la Facultad de Medicina de la UNAM y responsable del proyecto.

Durante el Primer Congreso Internacional de Donación de Cuerpos, Diego Pineda compartió los avances y retos que tiene por delante el Programa de Donación de Cuerpos que arrancó en 2016 en la UNAM.

Dos pasos para donar

Un cuerpo solo se puede donar en vida. Las personas que deciden donar su cuerpo a las ciencias médicas tienen que estar conscientes e informadas de su decisión. Por eso, en el Programa de Donación de Cuerpos de la UNAM es necesario que las personas con intención de donar reciban una charla por parte del equipo de trabajo.

“Hay gente que llega al programa tan entusiasmada por donar que quiere firmar de inmediato. Nosotros les decimos que nos permitan primero explicarles en qué consiste y que nos puedan dar su consentimiento realmente informados, y que si después de la plática lo quieren, pueden decidirlo allí mismo o pueden llevarse los papeles a su casa para tomar la decisión con calma”, explica Diego Pineda.

De hecho, este procedimiento cambió de 2016 a la fecha, antes se requerían tres pasos para inscribirse en el programa como donador de cuerpos, pero ahora solo se requieren dos: la inscripción electrónica y asistir a la charla. Esto mejoró gracias a los comentarios de los donadores, quienes externaron al equipo del programa que el procedimiento para inscribirse como donador era muy burocrático, pues en ocasiones tenían que ir a la universidad dos o tres veces.

“Algunos tenían que regresar dos o tres veces a la facultad y muchos nos decían, ‘oye, me hago tres horas de camino y todavía tengo que volver varias veces’. También nos topamos con que muchos donadores tienen alguna enfermedad o están en silla de ruedas y es todavía más difícil que se trasladen. Ahora solo tienen que venir una sola vez y en algunos casos se pueden hacer visitas a los donadores que no se pueden trasladar”, comenta el médico.

Otra de las mejoras que tuvo el programa fue delimitar instalaciones propias, salones cómodos en los que los médicos y abogados puedan charlar con los donadores sin tener un escritorio frente o sin que las personas que quieren donar tengan que pasar por el anfiteatro, pues el programa depende del Departamento de Anfiteatro.

Con este logro, el equipo de trabajo, los donadores y sus testigos pueden platicar sobre el proceso de donación en una pequeña sala con sillones verdes.

Los testigos son una parte muy importante del proceso, señala Diego Pineda. El médico dice que durante dos años de trabajo han observado que los mexicanos respetan mucho las decisiones que sus seres queridos toman en vida, en relación al destino de su cuerpo al morir, siempre y cuando estén enterados de cuál era su voluntad.

El coordinador del programa explica que muchas veces los familiares no simpatizan con la donación de cuerpo completo, pero que al escuchar la plática comprenden las razones y respetan la decisión del donador. También sucede que después de escuchar cómo es el proceso de donación y del trato que se le da al cuerpo donado deciden donar ellos también.

Treinta maestros para miles de estudiantes

De los mil 430 donadores inscritos en el programa, 515 son hombres y 915 mujeres, y la mayoría tiene entre 50 y 70 años de edad, algo que sorprende un poco a Diego Pineda, pues en otros países son los jóvenes quienes más se inscriben en los programas de donación.

Otro fenómeno que lo sorprende es que en México la mitad de los donantes están solteros, 38 por ciento casados, siete por ciento viudos y cinco por ciento está en unión libre, pero en otros países la mayoría de los donadores son personas que han enviudado. El médico comenta que incluso vienen parejas o familias juntas para inscribirse al programa de donación.

Cuando una persona inscrita en el Programa de Donación de Cuerpo fallece, sus familiares dan aviso al equipo de trabajo de la UNAM, quienes se hacen cargo del traslado del cuerpo y, en su caso, de la incineración del donador.

Al día de hoy, el programa ya ha recibido en sus instalaciones a 30 maestros silenciosos, 30 cuerpos que permiten a los estudiantes tener una formación de excelencia.

Cada semestre llegan dos mil alumnos de nuevo ingreso a la Facultad de Medicina, en total, la licenciatura tiene aproximadamente nueve mil estudiantes y los médicos que cursan una especialidad después de la licenciatura son casi 11 mil. Gracias al Programa de Donación de Cuerpos, muchos de estos alumnos podrán elevar su nivel de destreza para la atención real de los pacientes, se podrán probar nuevos procedimientos quirúrgicos con seguridad y se podrá investigar la anatomía de los mexicanos, detalla Diego Pineda.

Y aunque 30 cuerpos suena poco es solo el inicio, pues la Facultad de Medicina tiene capacidad para trabajar con 800 cuerpos y el objetivo es colaborar con otras instituciones para que puedan también apoyarse con las donaciones.

De hecho, el programa ya colabora con diferentes instituciones, como el Instituto Nacional de Cancerología, para estudiar los cuerpos y conocer más de las enfermedades.

Trabajo de psicólogos, abogados y más

En el Programa de Donación de Cuerpos trabajan diseñadores, abogados, antropólogos, psicólogos, tanatólogos y programadores. Este es uno de los aspectos que más enorgullece a Diego Pineda.

Por ejemplo, los programadores diseñaron el sistema de registro electrónico que permite reunir el historial clínico de los donadores, pues muchos no tienen expediente clínico por tener servicios de salud privados y otros no tienen expediente completo, pues han sido derechohabientes de diferentes sistemas de salud —IMSS, ISSSTE, Seguro Popular.

Pero el programa no es lo único importante, los abogados se aseguraron de que esta base de datos cumpla con todos los requisitos de las leyes de protección de datos personales.

Por otro lado, psicólogos y psiquiatras evalúan a las personas con enfermedades mentales que quieren donar, para establecer si están en pleno uso de sus facultades mentales y no existe un tipo  de coerción para que donen. Así todos los especialistas cumplen una función fundamental en el programa.

Regresamos a la tierra

“Las personas que en vida donan su cuerpo para la ciencia y para la investigación merecen ser reconocidas”, dice Diego Pineda.

Y la forma en que el Programa de Donación de Cuerpos quiere reconocer a los donadores es con el proyecto Siembra el futuro. El logo del programa es un árbol que representa vida, y por cada persona que done su cuerpo, se sembrará un árbol dentro de un memorial con los nombres de los donadores que deseen quedar inmortalizados en ese bosque de vida.

“Logramos conseguir el terreno, ya está autorizado, será a un lado de la biblioteca. Como la universidad es patrimonio de la humanidad no se pueden realizar construcciones sin seguir un riguroso procedimiento, pero eso ya se hizo y la obra ya está por iniciar”, comenta el coordinador del programa.

Laura Echeverría sabe que en ese memorial habrá un espacio para su nombre y no duda en platicar a sus conocidos para animarlos a ser donadores.

“En un cementerio somos olvidados, se nos recuerda solo en fechas especiales. También eventualmente somos olvidados en el pensamiento de la gente. Entonces, una manera de seguir vigente, de perdurar, de dejar un legado, de ayudar y apoyar es donar el cuerpo. Así todas las partes de nuestro cuerpo van a ser respetadas, tratadas con dignidad y servir para la educación o para las investigaciones de muchas cosas buenas, para personas que tal vez ni vamos a conocer, pero vamos a ayudar. Yo les digo a las personas que lo hagan, porque es una garantía de ayudar, así que hay que hacerlo con ganas”. (CONACYT)

 

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