CAFÉ POLÍTICO

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 ESCUPIR PA’RRIBA

Escupir para arriba nunca ha sido sano, ni será. Es como si fuese un reniego que indefectiblemente se nos regresa. Decir que “México está en bancarrota” por parte del presidente electo Andrés Manuel López Obrador es precisamente eso: escupir para arriba. A AMLO con regularidad se le van las cabras toda vez que cree que aún anda en campaña. No le ha caído el veinte de que ya es presidente electo y dentro de poco será presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos (nombre oficial). Su expresión “México está en bancarrota” es un pésimo mensaje a los mercados internacionales. Además ahuyenta inversiones y causa nerviosismo y preocupación para los que quieren invertir en nuestro país. De ahí que es sano que cuente hasta 10 antes de dar declaraciones pésimas y aventuradas.

 

MUY CRITICADO

Un día después de esas declaraciones Andrés Manuel quiso acomodar sus frases al decir que los medios fifís habían desvirtuado sus palabras y que lo habían mal interpretado. Pero ahí están los videos. Cabe destacar que partidos políticos, senadores y diputados, la SHCP, académicos y los Ipecos (Iniciativa privada) de inmediato le respondieron que el país no está en bancarrota. Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), señaló que “México tiene retos muy grandes pero de ninguna manera está en bancarrota, pues el país nunca ha dejado de hacer frente a sus compromisos internacionales, y además tiene múltiples opciones para lograr crecer a un ritmo de cuatro por ciento”. Pero no solo el CCE le aclaró la situación a AMLO, sino que Cámaras y Organismos Empresariales con representación nacional, también dilucidaron que si bien el país no va en caballo de hacienda, tampoco es para hacer un melodrama como López Obrador.

 

BUENOS INDICADORES

Por cierto, el día que se instaló la LXIV Legislatura de la Cámara de Diputados, el coordinador de la bancada de Morena, Mario Delgado, gritó de su ronco pecho que “el país que nos dejan, es un país en ruinas”. Otro pésimo mensaje al mundo del líder de la mayoría parlamentaria. Además, es justo señalarlo, México no está ni en ruinas ni en bancarrota. Decenas de indicadores lo indican y solo señalaré cuatro. 1) México es la economía número 13 en el mundo. En el continente americano, nuestro país se sitúa como la cuarta economía, por debajo de Estados Unidos, Brasil y Canadá, y por encima de Argentina, Colombia y Chile. Vamos, México está arriba de España y Rusia. Es decir, no estamos tan mal que digamos. 2) México es el sexto país con mayor afluencia turística en el mundo. México ascendió al sexto lugar en turismo. Según la Organización Mundial de Turismo (OMT), México registró la llegada de 39.3 millones de turistas internacionales. Solo lo superan Francia, España, Estados Unidos, China e Italia. 3) La inflación es la más baja en los últimos 48 años. El promedio de inflación es del 4% cuando en países como Venezuela es casi de un millón por ciento. 4) A dos meses y 10 días de que termine el sexenio, el presidente Peña Nieto habría logrado 4 millones de empleo que prometió en campaña. Se trata de una cifra mayor a la que se alcanzó en los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

 

“QUÉ ¿NO HAY CONFIANZA?”

Y hay más buenas del gobierno peñistas. Justo es reconocer que también hay malas y bastantes. Lógico es que falta mucho por hacer. El combate a la  corrupción e impunidad, desigualdad social, pobreza y pobreza extrema, inseguridad, narcotráfico y varias cosas más que laceran a la sociedad. Pero decir que “el país que nos dejan, es un país en ruinas”, o que “México está en bancarrota”, es un despropósito y torpeza que en nada ayuda para seguir avanzando. México no necesita de redentores sociales populacheros, menos de incendiarios. Las campañas han terminado y lo que se requiere es que Andrés Manuel López Obrador haga bien las cosas. Que no pelee nuevamente con los medios que dicho sea de paso, tienen todo el derecho a criticarlo de manera objetiva y sensata. Por último, bien se vio Juan Pablo Castañón, presidente del CCE cuando le contestó al próximo titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú (31 de julio de 1937), que le preguntó: “Qué ¿no hay confianza?”, a lo que el empresario respondió: “siempre que se genere confianza, tendrá el apoyo del sector privado”. Órale.

 

5 HORAS VARADO

No podemos dejar de comentar el polémico hecho que ha suscitado la hechura del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco o en Santa Lucía. Por principio de cuenta AMLO se quedó varado en el aeropuerto de Huatulco, Oaxaca por 5 horas. 3 horas en los pasillos de ese aeropuerto y 2 arriba en el avión. Y como dijera en campaña; “si el avión sale tarde y no llega a Nueva York (ONU), ni modo, no llegué”. Esas palabras que no corresponden a un candidato presidencial y ahora como presidente electo –al reafirmar su posición de vender el avión presidencial y viajar en líneas aéreas comerciales–, nos viene a la mente que López Obrador continúa mandando otro mensaje –erga omnes; frente a todos”– que México es un país tercermundista cuando ya no lo somos desde sexenios atrás. Eso de que venderá el avión presidencial, de que viaja en líneas comerciales y no trae atrás al Estado Mayor Presidencial, solo es festejado por países empobrecidos y antidemocráticos como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Países que pregonan la revolución bolivariana que solo ha derivado en pueblos con más hambre, desempleo y pobreza. Debe saber AMLO que él no es como cualquier otro mexicano más. No, no es por ahí. Pretender ser “raza de la calle”, o andar caminando con un solo asistente por los pasillos de los aeropuertos, o andar en un Jetta cualquiera, pinta a México, desde ahorita, en un país de dar lástima y todo porque Andrés Manuel no ha entendido que la investidura presidencial que en él recae (fuerza y poder que le otorga la constitución como jefe del Ejecutivo federal, y como comandante supremo de las fuerzas armadas), es un derecho potestativo inalienable e irrenunciable.

 

PRESIDENTE INTERINO Y PRESIDENTE SUSTITUTO

Insisto que brindar seguridad al Presidente por un cuerpo idóneo, capaz y experimentado, es sumamente necesario e impostergable. Quizá Andrés Manuel desconozca que enuncia el Artículo 84 de la Constitución que señala que cuando la falta absoluta del Presidente (muerte o incapacidad física o mental, entre otras causas) ocurriese en los dos primeros años del período respectivo, el Congreso de la Unión convocará a nuevas elecciones. Este sería un Presidente interino. Ahora bien, cuando la falta absoluta del Presidente ocurriese en los cuatro últimos años del período respectivo, el Congreso de la Unión designará a un Presidente sustituto. Es decir, por razones de seguridad nacional, López Obrador debe ser cuidado, hasta la ignominia siquiera, por un cuerpo élite de seguridad; no debe viajar en aviones comerciales; tampoco en autos Jetta no blindados. Carajo, México y los mexicanos ya no aguantamos otra elección como la que acabamos de pasar. Ni Dios lo mande.

 

INVESTIDURA PRESIDENCIAL

Vamos, en un sistema presidencialista como en México, no existe cargo alguno de mayor significación institucional que aquel desde el cual se ejerce de manera absoluta y unipersonal el Poder Ejecutivo de la Nación. Corresponde a todos los mexicanos velar por la prestancia de la investidura presidencial (representación soberana y popular) que desde allí se ejerce. Claro, a nadie corresponde una mayor responsabilidad de que así ocurra que al mismísimo primer Mandatario de la nación. Ello no quiere decir que a pesar de que López Obrador haya alcanzado el 53% de la votación, esté exento de la crítica sana,  independiente y constructiva que –de manera inexorable– irá incidiendo en el camino y dirección del nuevo gobierno de la república.

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