Detectan dispersión de palma de aceite africana en la Reserva de la Biósfera en Chiapas

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La situación es preocupante porque se trata de una de las regiones de manglares más ricas, diversas y productivas del país, y representa un ícono para la costa chiapaneca

La ciudad de México.- La Reserva de la Biósfera La Encrucijada, en Chiapas, ha comenzado a ser invadida por la palma de aceite africana, especie muy competitiva.

La situación es preocupante porque se trata de una de las regiones de manglares más ricas, diversas y productivas del país, y representa un ícono para la costa chiapaneca, por lo que es altamente turística y un ejemplo de educación ambiental.

“En la Selva Lacandona, por ejemplo, hemos visto parcelas donde sustituyen selva por palma”, alertó Antonio Castellanos Navarrete, del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (Cimsur) de la UNAM.

El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP-SAGARPA) reporta que en nuestro territorio existen 90 mil hectáreas de cultivo de Elaeis guineensis, y prácticamente la mitad está en dicho estado sureño.

Origen y dispersión

Castellanos Navarrete analiza por qué en México, a diferencia de otros países, los ejidatarios juegan un papel importante en este cultivo. En Guatemala, detalló, el grueso de la producción se hace en grandes plantaciones, pero en Chiapas es una importante fuente de ingresos para los ejidatarios, algunos de escasos recursos, en un contexto de opciones productivas limitadas.

“Esto plantea un dilema entre la conservación y la importancia del desarrollo para sectores vulnerables de la población”, destacó.

Por esta labor, el universitario fue invitado (por Naturaleza y Redes A.C., y con la Reserva de la Biósfera La Encrucijada) a elaborar un mapa para identificar los sitios en donde hay palma de aceite dentro de la zona natural protegida; así, se detectaron 469 plantas, con una edad promedio de cinco años.

Debido a que el 48 por ciento se localiza a menos de 10 metros de un curso de agua, Castellanos Navarrete sugiere que ésta puede ser la principal vía de dispersión de las semillas.

Otro inconveniente es que 45 por ciento se encuentra en bosques de zapotonales (selvas inundables), ubicados sólo en la Reserva de la Biósfera La Encrucijada, un preciado ecosistema que sirve de refugio para muchas especies.

El problema se acentúa porque en ciertos periodos del año, cuando a los ejidatarios les es imposible vender los frutos, se favorece la presencia de semillas en el suelo, que pueden ser arrastradas por el agua, en caso de inundaciones, hacia la Reserva.

También los animales contribuyen a la dispersión: “se ha visto al menos una decena de especies de aves en estas plantas, y rastro de cinco especies de mamíferos cerca de los frutos”.

El universitario, que desde hace años estudia la siembra de palma de aceite, comentó que su cultivo se extendió a raíz de que el gobierno chiapaneco (a principios de la década de los 80) se unió al Programa Mesoamericano de Biocombustibles, pero debido al alto costo del procesamiento, el fruto de la planta ahora es comercializado para la elaboración industrial de galletas, papas fritas y cosméticos, entre otros productos.

“Nos preguntamos cómo fue que su cultivo fue aceptado por los ejidatarios y encontramos que los gobiernos federal y estatal (a través del Instituto de Reconversión Productiva y Bioenergéticos) entregaron plantas sin costo y otorgaron créditos para apoyar su producción. Esto hace único el caso mexicano, pues incluso los pequeños productores tienen tres plantas de procesamiento para transformar el producto crudo en una primera etapa”, remarcó.

Pero la aceptación del cultivo no sólo reside en los incentivos estatales, sino en problemas productivos como la degradación de los potreros en la Selva Lacandona, o inundaciones que afectan a los productores en la costa, aunado a la falta de mercados redituables.

La dispersión de esta palma en la Reserva no ha sido discutida de manera suficiente, pero “definitivamente es un foco rojo”, recalcó.

Primeras acciones

El trabajo en el que colaboró Castellanos Navarrete abrió un primer diálogo, que dio como resultado el establecimiento del grupo de trabajo “Palma de aceite sustentable de la costa de Chiapas”, en el que especialistas de la Reserva, académicos, sociedad civil, cooperativas de ejidatarios con sus propias procesadoras y el sector privado laboran para enfrentar la problemática.

Los resultados fueron compartidos a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), que actualmente realiza un análisis de riesgo completo para determinar si la palma de aceite puede considerarse una especie invasora. (UNAM)

 

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