NO ESTABAN MUERTOS

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 JUAN ANTONIO MARTÍNEZ BARRIOS

Creímos que nos habíamos librado de  los partidos morralla, de la chiquillada, y que Coahuila  dejaría de ocupar, por lo menos por un largo tiempo el deshonroso primer lugar en número de partidos políticos -15-. Pero parece que no.

En las elecciones del cuatro de junio del año pasado los partidos Joven, de la Revolución Coahuilense, Social Demócrata, Campesino Popular y Primero Coahuila obtuvieron menos del 3 por ciento de la votación ejercida, por lo que no fue sino hasta enero pasado cuando el Consejo General del Instituto Electoral de Coahuila determinó su desaparición.

Sin embargo, en otra instancia, el Tribunal Electoral de Coahuila admitió a seis de doce nuevas asociaciones con miras a convertirse en nuevos partidos políticos, lo que les ha valido ácidas críticas a los magistrados.  Y es que se trata de los mismos personajes políticos enemigos de abandonar privilegios y prebendas a través del dinero público.

Ahora vuelven disfrazados con ridículos nombres como Emiliano Zapata, la Tierra y su Producto o bien Juntos Podemos Construir un Futuro Mejor, Coahuila Incluyente.  Se trata de partidos morralla que no ofrecen una real alternativa de gobierno al ciudadano, algunos alentados por partidos “grandes” –después del primero de julio todo ha cambiado- que ven en las coaliciones una tablita de posible salvación ante los resultados adversos de los últimos comicios.

Ahora, según las haya ido en la feria, es decir en el Tribunal Electoral Local, los interesados promueven impugnaciones ante las autoridades electorales federales contra los magistrados locales, luego de que éstos favorecieron a la chiquillada.

Así, a cuatro de cinco partidos desaparecidos debido a los adversos resultados del año pasado sólo les faltaría reunir 5 mil firmas, teniendo como fecha límite el 15 de diciembre, para convertirse en partido político y recibir una tajada de las jugosas sumas a repartir el año entrante.

Los morralla que se quedaron temblando ante la desaparición del trasvase de votos que permitían las coaliciones y luego sufrieron lo indecible ante la decisión del IEC hoy disfrutan de un respiro ante las sospechosas determinaciones del Tribunal Electoral Local. El Tribunal Federal tiene la última palabra.

 

 

 

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