CÁPSULAS SARAPERAS

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FRANCISCO TOBÍAS H. 

El Salao

En esta ocasión te platico de una anécdota que le sucedió a un habitante del ejido Santa Teresa de los Muchachos, acá por el rumbo de Derramadero, donde vive gente de bien, gente de trabajo, gente de campo, gente de esta hermosa ciudad de Saltillo.

Hace como 30 años, según me platicó mi amigo Juan Campos, Ricardo Muñoz, mejor conocido como “El Salao”, y sí, lo escuchó bien, “El Salao” sin la “d”, quien era chivero. De hecho dicen los que saben que en aquellos años tenía entre 500 y 800 chivas, las cuales día tras día tenía que sacarlas a pastear, sin importar el calor, lluvia, frío; en fin, como estuviera el clima tenía que salir a pastorear.

Sin embargo, “El Salao” tenía un sentimiento de celos, no por un amor, sino por el trabajo que tenía el responsable de la tienda de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares, mejor conocida como la Conasupo, aquellas tiendas que buscaban garantizar la compra y regulación de precios en productos de la canasta básica, debido a que el vendedor no tenía que salir de su negocio a pastorear, así fuera día de sol, granizo o nieve.

Un buen día “El Salao” decidió cambiar de giro, dejar las chivas para establecer un comercio de abarrotes en la misma comunidad de Santa Teresa de los Muchachos, por lo cual vendió sus chivas, y ya con el dinero en mano se subió a un camión pitufo para llegar así al mercado de abastos y surtir su tienda. Sin embargo, en esa ocasión no llegaría a Saltillo, pues al subir al transporte, del fondo un amigo de otra comunidad le gritó: ¿qué onda Salao?, ¿vas pa´las carreras, que hay en la Providencia?

La respuesta fue rápida: no, voy a otro negocio.

Sin embargo “El Salao” se bajó en La Providencia, supuestamente con la única intención de ver las carreras de caballos. Primero fue la del compromiso, donde decidió apostar unos pesos por un alazán, que ganó por más de un cuerpo a una yegua de la región. En las siguientes carreras a nuestro amigo no le fue tan bien, empezando a perder el dinero que llevaba para iniciar su negocio de abarrotes. Ya para la última carrera decidió apostar todo por el todo, perdiendo de esta manera todo el dinero que llevaba para su nuevo negocio, quedándose sin negocio, sin chivas y sin dinero.

Y desde ese día, se dedicó a vender paletas de hielo de ejido en ejido, sin importar el calor, la lluvia, o el frío.

Esta es una anécdota que le sucedió a un buen hombre del campo de Saltillo, que con seguridad tiene similitud con la de Nicolás Mangana, quien decidió comprar con los ahorros de su vida un caballo, asegurando que en su familia con ese equino comprado “no eran ricos, pero si muy felices”.

 

 

Acerca del autor
Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.
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Es Saltillense*, papá de tres princesas mágicas, Rebeca, Malake y Mariajose. Egresado de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma de Coahuila, en donde es catedrático, es Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Desde el 2012, a difundido la historia, acontecimientos, anécdotas, lugares y personajes de la hermosa ciudad de Saltillo, por medio de las Cápsulas Saraperas. *El autor afirma que Saltillense es el único gentilicio que debe de escribirse con mayúscula.

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