LA MATANZA DE LEÓN

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HUMBERTO LÓPEZ-TORRES

Aunque en los días previos hubo hostigamiento policíaco, las elecciones municipales del 16 de diciembre transcurrieron sin incidentes. Pero el recuento de los sufragios, Carlos Obregón, postulado por la Unión Cívica Leonesa habría obtenido 22 mil 173 votos mientras que el candidato oficial, Ignacio Quiroz, del Partido de la Revolución Mexicana (sucesor del PNR) sólo 58. Aun así la Junta Computadora lo declaró vencedor.

Era el último mes de 1945 en León, Guanajuato. La UCL, que con sobradas razones sospechaba que habría fraude, había instruido a los simpatizantes de Carlos Obregón para que depositaran su voto en sobre cerrado y notariado. Y el desproporcionado y burdo resultado oficial llevó a que fueran solicitadas dos audiencias por la Unión Cívica Leonesa al Presidente de la República, Manuel Ávila Camacho, que no fueron concedidas; y en un tercer intento sólo obtuvieron ser recibidos por el Subsecretario de Gobernación, quien se limitó a escucharlos.

Soledad Loaeza, una de las periodistas más completas, acudió al Archivo General de la Nación; examinó documentos, actas, informes, certificados y dictámenes electorales y judiciales. Y así pudo reconstruir la historia, misma que publicó en la revista Nexos.

En previsión a protestas de mayor proporción el gobernador de Guanajuato, Ernesto Hidalgo concentró desde el 31 de diciembre al ejército y a un numeroso grupo de agraristas armados de municipios vecinos, quienes ese mismo día ocuparon la plaza principal y el edificio de la Presidencia Municipal de León.

El 1º de enero Ernesto Hidalgo informaba por telégrafo al Presidente de la República que la renovación de los ayuntamientos en todo el estado había transcurrido “con normalidad”. Pero horas después, por la misma vía, daba cuenta de “ligeros incidentes en el Parque Hidalgo, de León con algunos opositores”.

Esa misma tarde un grupo de unos 300 opositores se reunió a unas seis cuadras del palacio municipal con propósito de llevar a cabo una toma de posesión paralela e investir como presidente municipal a su candidato, Carlos Obregón.

De repente, según un informe oficial del teniente del Ejército Mexicano, Francisco E. Mireles,  testigo presencial de los hechos: “comenzaron a llegar fuerzas federales montadas que rodearon a los allí reunidos y se lanzaron a caballazos y culatazos. Hubo más de 30 heridos y golpeados.

Este hecho hizo que se extendiera la protesta y numerosos comercios cerraron sus puertas. El martes dos de enero unas cuatro mil personas entre votantes de la UCL, curiosos, paseantes y muchos niños, se reunieron frente al palacio municipal. Un grupo de jovencitos de entre 12 y 18 años  cargaban un ataúd negro, uno de cuyos costados tenía el nombre de Ignacio Quiroz, el candidato oficial, y el otro las siglas del PRM, mismo que colocaron a las puertas del Ayuntamiento. Eran las nueve de  la noche.

Repentinamente, como una señal, se escuchó el estallido de una granada, lo que desató una enorme balacera. A los golpes secos de los máuseres pronto se impuso el tableteo de las ametralladoras Thompson, recién estrenadas por el ejército.

La gente, ciega de pánico comenzó a correr en todas direcciones en busca de una salida. Pero automóviles, patrullas y vehículos militares tenían bloqueadas todas las bocacalles. Muchos niños murieron al correr hacia la calle donde estaban los soldados; algunos de ellos treparon a los árboles del parque pero hasta allí los alcanzaban para dispararles y “caían como pajaritos”, según narró un sobreviviente. Hubo quienes levantaron los brazos en señal de rendición y otros se tiraban al piso boca abajo; pero ni así les perdonaron la vida. La persecución de quienes lograron salir de la plaza siguió por calles aledañas; los soldados los alcanzaron en jeeps para rematarlos.

La Cruz Roja, que había intervenido para atender a los heridos, se retiró después de que uno de sus paramédicos cayó muerto.

La tragedia alcanzó difusión nacional. Por órdenes del presidente Ávila Camacho, el Secretario de Gobernación, Primo Villa Michel arribó  a León el 3 de enero para encabezar una investigación; con dos senadores y tres diputados federales y un ministro de la Suprema Corte. En la investigación también participó la Secretaría de la Defensa, al mando en ese entonces del general Francisco L. Urquizo.

Gobernación, legisladores, ministros de la Corte y militares coincidieron en que la tropa había actuado en defensa propia y que “para que el candidato ganador, Ignacio Quiroz pudiera instalarse en la presidencia municipal, había sido necesario que las autoridades militares se encargaran de vigilar la ciudad…”

El embajador de  Estados Unidos en México, George S. Messersmith reportó a su gobierno que la autoridad municipal de León había utilizado a las fuerzas federales para reprimir a quienes protestaban contra el fraude electoral; y que tales hechos podían desencadenar una movilización nacional. El embajador consignaba que el 11 de enero, en solidaridad con el duelo de León, 12 mil instalaciones industriales, 120 mil comercios de todo el país y la totalidad de los bancos efectuaron un paro de tres horas.

Además se acercaba la elección presidencial del mes de julio, en la que se renovarían los poderes federales. Y ante la presión, que presagiaba protestas de mayor proporción, el Presidente Ávila Camacho solicitó a la Comisión Permanente del Congreso nombrar un gobernador provisional en Guanajuato, “por haber colocado los poderes del estado en una situación contraria a los principios fundamentales de nuestro orden jurídico constitucional”.

El gobernador Ernesto Hidalgo fue destituido por el Congreso el 8 de enero de 1946, y tuvo que entregar el mando a Nicéforo Guerrero Mendoza, quien concluyó el período constitucional.

Los responsables de la tropa que actuó el día 2 en León, los coroneles Cano Martínez y Olvera Barrón fueron consignados al Juzgado de Instrucción Militar en Guadalajara; el 2 de febrero se les dictó auto de formal prisión pero fueron liberados después de la elección presidencial, en noviembre de 1946.

Y hasta ahí.

 

 

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