Sabroso, delicioso… Un siglo de Café y Chocolate Oso

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Si usted probó un buen café, júrelo es Café Oso; con su sabor siempre igual

POR JOSÉ TORRES

Es característico que en las primeras horas del día, cuando las calles del Centro de la Ciudad se comienzan a llenar de vehículos y personas, por la calle de Allende los peatones terminen de despertar con el intenso aroma a café tostado.
Ese es el buen café de Saltillo, el café que desde hace décadas es tostado, molido y empaquetado en ese místico edificio ubicado a un costado del Hotel Premier.
Cómo dice aquel tradicional comercial radiofónico “Si usted probó un buen café, seguramente es Café Oso; son su sabor siempre igual, sabroso, delicioso”.
Y es que en este año, el Café Oso cumple 100 años de deleitar a los mexicanos desde Saltillo, generación tras generación.
Poco antes de la época de la Revolución Mexicana los hermanos Zertuche: Emilio, Ernesto, Jesús, Artemio, Ninfa, Irene y Leonela, apoyados por Manuel, su padre, abrieron una tienda de Abarrotes en Villa de Patos, hoy General Cepeda, donde tenían un pequeño molino de café.
Debido a que la guerra revolucionaria pegaba fuertemente en General Cepeda, los Zertuche decidieron establecerse en Saltillo, en el año 1913, y como aún tenían el gusto por tostar y moler café, pronto se dieron cuenta que en toda la ciudad no había un solo tostador y solamente se consumían cafés provenientes de la Ciudad de México.
Por lo anterior, los Zertuche trasladaron desde General Cepeda su tienda de abarrotes y molino de café hasta la calle de Ocampo, en Saltillo. Posteriormente se mudaron a Aldama y Xicotencatl; después a Lerdo y Allende, y luego a la calle Victoria, fue ya en este último lugar cuando decidieron dejar -en 1915- el negocio de los abarrotes, y quedarse solo con el café. Fue así, como en aquel año nació la tradición saltillense, el Café Oso.
En 1922 los hermanos ampliaron el negocio a la producción de chocolate de mesa, en base a una receta familiar, por lo que hubo que importar maquinaría desde Alemania.
Así nació otro de los productos tradicionales de México, que Saltillo ha exportado por años, el Chocolate Oso.
Aquel que cuando niños nos enviaban a la tienda de la esquina -en época de frio sobre todo- para comprar una marqueta de chocolate, para que pudiera ser elaborada esa deliciosa bebida con leche.
El Chocolate Oso fue el producto que a la larga se convirtió en el estandarte de la empresa familiar Molinos y Tostadores SA de CV, pues pronto fue comercializado a nivel nacional logrando un éxito tremendo.
Incluso actualmente puede ser encontrado en Chihuahua, Durango, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Zacatecas, San Luis Potosí y Aguascalientes, y no solo en las pequeñas tienditas, sino en tiendas de conveniencia y autoservicios.
Las marquetas del delicioso chocolate son elaboradas con cacao mexicano en el edificio ubicado en la calle Allende, que fue construido entre 1947 y 1948, pero fue hasta el 1953 que se empezó a utilizar, pues fue imposible desmontar el equipo que los Zertuche tenían en la calle Victoria, ante la alta demanda de productos, y se tuvo que comprar maquinaria nueva para utilizar el nuevo recinto.
Ese edificio fue el primer rascacielos que la creciente ciudad de Saltillo tuviera en aquella década, según lo refiere el ex gobernador Oscar Flores Tapia en uno de sus libros.
Fue una construcción diseñada exclusivamente para la producción del café y chocolate, pues cada piso fue hecho para la elaboración de uno de ellos.
Actualmente cumple con las mismas funciones.
Son alrededor de 25 trabajadores los que producen ambos manjares de la tradición mexicana, comandados ahora por Don Francisco Recio y sus hijos.
En el primer piso están las oficinas y el área de embarque y desembarque. El segundo piso es el utilizado para la elaboración del chocolate. Una pasta de agua, chocolate y azúcar es vaciada en pequeños recipientes de plástico que avanzan sobre una banda, para darles la forma de la clásica marqueta; luego avanza a un punto de refrigeración, en donde se le imprime la característica imagen del oso en cada cuadrito. Enseguida pasa al proceso de empaquetado, con esa tradicional envoltura color café con letras amarillas, y finalmente es puesto en cajas para su envío a los negocios.
El tercer piso es donde se elabora el café, se tuesta y luego se muele, en máquinas especiales, enseguida es empaquetado en diferentes presentaciones, pero la más tradicional es la bolsa negra con letras doradas y el logotipo grande al centro.
Esa bolsa que comenzó a ser muy tradicional en la época navideña o en funerales, pues era -y sigue siendo en algunas ocasiones- muy común que se ofreciera ‘café de olla’, o ‘de asiento’, que es de sabor más intenso que el café de frasco.
Alfonso Recio, encargado de producción y heredero de la tradición saltillense, señaló que este producto es de temporada, por lo que en época de más frio es cuando más producción tienen, además que comienzan desde temprana hora a elaborar ambos productos, por lo que es común que la calle Allende se impregne con el característico olor a café.
En 100 años tanto el café, como el chocolate Oso, se han convertido en una tradición saltillense, e inclusive mexicana.
Así que, con toda seguridad, quien ha leído este artículo se ha deleitado en más de una ocasión con el intenso sabor de uno de estos tradicionales productos, y si no lo sabe, pero ha probado un buen café, “júrelo, es café Oso, con su sabor siempre igual, sabroso, delicioso” (JOSÉ TORRES)

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El periódico con mayor tradición en Saltillo.